Episodio 11
La siesta
Transcripción completa · 1.314 palabras · unos 9 min de audio
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo episodio. En el episodio de hoy estaremos hablando sobre algo muy característico de España. Algo que, de hecho, todo el mundo relaciona con España y no con ningún otro país. Cuando pensamos en España, muchas personas imaginan sol, terrazas y, por supuesto, la siesta.
La siesta se ha convertido en una de las tradiciones más conocidas de la cultura española. Es casi un símbolo nacional. De hecho, quiero compartir una anécdota. Hace tan solo un mes o unas semanas he estado visitando Marruecos, concretamente la ciudad de Marrakech, con un grupo de amigos.
Cuando nos movíamos por esta ciudad, cuando visitábamos ciertos lugares, nos encontrábamos con otros turistas: personas de Italia, del Reino Unido, Francia e incluso rusos. Cuando se daban cuenta de que éramos españoles, lo primero que decían era “¡siesta!”.
Y por esto es que la siesta es tan importante en España y se ha convertido en un símbolo nacional, como decíamos. Pero, ¿qué significa realmente? ¿Es verdad que todo el mundo duerme cada día después de comer? Pues ahora a continuación te lo explico.
Durante mucho tiempo la siesta ha formado parte del ritmo de vida en muchas zonas de España, especialmente en pueblos y ciudades pequeñas. Era normal que las tiendas cerraran después de la hora de comer. Las calles se quedaban tranquilas, las persianas se quedaban también bajadas y el ruido desaparecía por unas horas. Era como el momento de pausa en mitad del día.
Esta pausa no era sólo para dormir. También era un pequeño espacio para estar en casa, compartir el tiempo en familia o simplemente descansar. En verano, cuando el calor es muy intenso, salir a la calle a las 3 de la tarde puede ser agotador y por esto quedarse en casa tenía mucho más sentido.
La siesta también influyó en la organización del trabajo. Durante décadas, muchas personas tenían un horario partido, es decir, trabajaban por la mañana, hacían una pausa larga al mediodía y volvían al trabajo por la tarde. Este sistema marcó profundamente la vida social. Se comía más tarde, se cenaba más tarde y el día terminaba más tarde que en otros países europeos.
Sin embargo, es importante aclarar algo. No todos los españoles duermen la siesta todos los días. En ciudades grandes como Madrid o Barcelona, muchas personas trabajan en oficinas con horario continuo y no tienen tiempo para dormir después de comer.
Además, la vida moderna, los horarios internacionales y el trabajo en empresas globales han cambiado mucho estas costumbres. Aun así, la siesta sigue teniendo un valor simbólico muy fuerte. En el extranjero, como decíamos, a veces se convierte en un estereotipo. Un estereotipo es una imagen simplificada que no siempre es exacta.
Como os comentaba anteriormente, cuando visitábamos Marrakech, todas las personas con las que nos encontrábamos que eran de fuera de España relacionaban automáticamente el ser español con la siesta. Se piensa que en España se trabaja poco y se duerme mucho. Pero en realidad los españoles trabajan un número de horas similar al de otros países europeos.
Lo que cambia es la forma de organizar el día y, por supuesto, otros factores como el clima, las costumbres y las fiestas que dan esa imagen a los extranjeros. Y aquí es cuando podemos hacernos otra pregunta interesante: ¿de dónde viene realmente la siesta? ¿Es una tradición puramente española o tiene raíces más antiguas?
La palabra siesta viene del latín “sexta hora”, que significa lo mismo en español: sexta hora. En el antiguo imperio romano el día se dividía en doce horas de luz. La sexta hora correspondía aproximadamente al mediodía.
Era el momento en el que el calor empezaba a ser más fuerte y muchas personas interrumpían sus actividades para poder descansar. Con el tiempo esta costumbre se mantuvo en diferentes regiones del sur de Europa, especialmente en zonas con climas cálidos.
Descansar en las horas centrales del día era una forma lógica de proteger la salud y recuperar energía para afrontar el resto del día. En España, sobre todo en áreas rurales, esta práctica se integró completamente en la vida diaria.
Los trabajadores del campo empezaban muy temprano para aprovechar las horas más frescas, es decir, las horas en las que hacía menos calor. Al llegar al mediodía regresaban a casa para comer y descansar antes de continuar con su trabajo por la tarde.
Curiosamente, España no es el único país con esta tradición. En otros lugares como Italia o Grecia también existen pausas similares al mediodía. Incluso en algunas regiones de América Latina se mantiene esta costumbre. Sin embargo, es España el país que más ha asociado su identidad cultural a la siesta.
En los últimos años, la siesta, por supuesto, ha sido un tema de debate. Algunos expertos en salud dicen que una siesta corta de 20 o 30 minutos puede mejorar la concentración y el estado de ánimo, pero una siesta demasiado larga puede afectar al sueño nocturno. En otras palabras, puede hacer que duermas peor por la noche.
Además, se han propuesto cambios en los horarios laborales para hacerlos más compactos y facilitar la conciliación familiar, el equilibrio entre el trabajo y la vida personal. En este contexto, la siesta larga tradicional parece menos compatible con la vida actual.
Entonces, ¿está desapareciendo la siesta? Tal vez no. Quizás esté cambiando. Para muchas personas, especialmente en los fines de semana o en vacaciones, la siesta sigue siendo un pequeño placer, un momento de calma o un descanso breve que ayuda a continuar el día con más energía.
En el fondo, la siesta nos habla de algo más: de cómo organizamos nuestro tiempo, de cómo el clima influye en nuestras costumbres y de cómo la cultura evoluciona con la sociedad.
Por último, me gustaría decir también que, al igual que cuando nosotros viajábamos a Marrakech y nos relacionaban con la siesta por ser españoles, nosotros, los españoles, también hacemos lo mismo dentro de España.
¿Qué quiero decir con esto? Dentro de España, la siesta no se asocia, quizás, con los gallegos, por ejemplo, como soy yo, ni con los asturianos ni con los vascos. Dentro de España, los gallegos, los madrileños o los catalanes, por ejemplo, asociamos la siesta con regiones del sur de España, donde hace más calor y hay más vida nocturna.
Por ejemplo, cuando un andaluz visita Galicia, una broma que podemos hacer los gallegos es: “Mira, un andaluz… siesta. Esos vienen de dormir la siesta”. Lo mismo puede ocurrir con un murciano o, hasta cierto punto, con los valencianos.
Este es un dato curioso que es importante tener en cuenta, ya que, si visitáis España y decidís empezar por el norte —por Asturias, por Galicia o por el País Vasco— quizás no estén tan acostumbrados a que se les relacione con la siesta.
Espero que os haya gustado este pequeño resumen de la historia de la siesta. Yo, personalmente, tengo que admitir una cosa: no soy muy fan de la siesta. En otras palabras, a mí no me gusta echar la siesta.
Quizás esto sea por lo que comentaba hace un momento. Yo soy gallego y la siesta no es tan común en Galicia como en otras regiones de España. También me cuesta quedarme dormido y, cuando me despierto de la siesta, tengo la sensación de estar más cansado aún que antes de dormir.
Evidentemente, la siesta no es para todos, pero, como decimos en España, para gustos colores. Esto quiere decir que los gustos de las personas son muy diferentes y, por eso, se los compara con los colores. Porque hay muchos, cada persona tiene su favorito.
Ahora sí, creo que ya lo he dicho todo. Quiero recordaros, como siempre, que si queréis acceder a la transcripción del episodio, estará disponible en la descripción de este mismo episodio. Yo me despido y, como siempre, nos veremos la semana que viene.