Episodio 21
¿Qué pasa en tu cerebro cuando aprendes un nuevo idioma?
Transcripción completa · 4.379 palabras · unos 29 min de audio
Hola a todos y a todas. Bienvenidos a un nuevo episodio.
Hoy, por fin, vamos a hablar de un tema diferente. De un tema del que llevaba un tiempo queriendo hablar. Es algo que a mí me interesa mucho y que, evidentemente, a todas las personas que aprenden idiomas también les interesa.
Hoy vamos a hablar más en detalle de qué es lo que sucede en tu cerebro al aprender un nuevo idioma. No me quiero parar mucho en esta introducción porque, como veréis a continuación, tengo mucho de lo que hablar. Pero os diré una cosa.
Aprender un nuevo idioma son sólo ventajas. Así que, si llevas un tiempo aprendiendo español, después de escuchar este episodio, dudo mucho que te arrepientas de haber empezado. Y, por supuesto, dudo mucho que te arrepientas de haber escuchado este episodio.
Así que, ahora sí, de una vez por todas, empezamos.
Como la información que vamos a tratar puede ser un poco difícil de comprender en algunas partes, quiero que te imagines esta situación. Imagínate a una persona adulta, quizás de 40, 50, 60 o incluso más años.
Esta persona decide aprender un idioma, decide abrir una aplicación para aprender un nuevo idioma, escuchar un podcast como este, por ejemplo. Entonces, esta persona escucha una frase sencilla, la repite, se equivoca, vuelve a intentarlo y así consecutivamente. Luego escribe una palabra nueva en una libreta.
Después intenta recordar cómo se decía mañana, cómo se decía tengo hambre, cómo se decía me gustaría tomar un café, por ejemplo. Desde fuera, esto te puede parecer algo pequeño. Te puede parecer un juego, un ejercicio de vocabulario o una simple actividad más para pasar el rato.
Pero, evidentemente, dentro del cerebro está pasando algo mucho más interesante que esto. Porque cuando aprendes un idioma no sólo estás memorizando palabras, no es sólo saber pedir comida cuando viajas, no es entender una canción o ver una serie sin subtítulos. Aprender un idioma es una especie de entrenamiento nuevo y completo para el cerebro.
Y hoy quiero hablar precisamente de esto, de qué es lo que ocurre en tu mente cuando aprendemos un nuevo idioma, cuando aprendemos una segunda lengua, una tercera o una cuarta, ya que esto no es únicamente para cuando aprendes un idioma distinto al que tú ya hablas. Vamos a hablar de memoria, de atención, de salud cerebral, de envejecimiento, de Alzheimer, de inteligencia y también de algo tan humano como la capacidad de ver el mundo con otros ojos. Así que vamos a ver.
Aprender un idioma cambia la forma en la que te comunicas. Esto es evidente, todos los que hemos aprendido un nuevo idioma lo sabemos. Pero también puede cambiar la forma en la que piensas.
Vamos a pensar en algo muy simple para explicar esto. Cuando tú hablas tu idioma nativo, normalmente no tienes que hacer mucho esfuerzo. Las palabras salen solas.
Si quieres decir tengo hambre, no buscas cada palabra en tu mente. Simplemente aparece y tu cerebro lo hace de forma automática. Pero cuando aprendes otro idioma, esto cambia.
De repente tienes que recordar una nueva palabra, elegir una estructura, pensar el orden de la frase, escuchar la pronunciación, entender el contexto y además intentar no traducir demasiado desde tu idioma. Es decir, tu cerebro está trabajando en varias direcciones al mismo tiempo. Tu cerebro tiene que pensar de una manera distinta.
Aquí es donde aparece uno de los primeros beneficios. El aprendizaje de idiomas entrena la atención. Cuando escuchas una lengua nueva, tu cerebro tiene que separar sonidos.
Tiene que distinguir palabras que al principio pueden parecer iguales. Tiene que decidir qué información es importante y qué información puede ignorar. Por ejemplo, imagina que estás escuchando una conversación en inglés, en francés, en alemán o en español.
Al principio todo suena rápido, todo parece un conjunto de sonidos. Pero poco a poco vas a empezar a notar patrones. Empiezas a reconocer una palabra, luego una expresión, luego una frase completa y este proceso obliga al cerebro a estar despierto, atento y activo.
No estás simplemente recibiendo información, como pasaría si estuvieras escuchando algo en un idioma que ya hablas. Estás buscando significado también. Y esto es algo nuevo para tu cerebro.
Ahora empezamos con la parte que me gusta. Muchas investigaciones relacionan el bilingüismo, es decir, el uso de dos idiomas, o incluso más, con habilidades como la flexibilidad mental. La flexibilidad mental es la capacidad de cambiar de una idea a otra, de adaptarte de una forma más sencilla, de no quedarte bloqueado en una sola forma de pensar.
Y esto, aunque te parezca sorprendente, aunque te parezca algo completamente nuevo, tiene todo el sentido del mundo. Una persona bilingüe vive con dos sistemas lingüísticos en la cabeza. A veces está usando uno y a veces otro.
A veces tiene que activar una lengua y controlar la otra. Por ejemplo, si hablas español e inglés, y estás hablando en inglés, tu cerebro no ha borrado el español. El español sigue ahí, pero tu mente aprende a seleccionar, a elegir y a controlar.
Es como tener dos radios encendidas y aprender a escuchar solo una cuando la necesitas, o incluso aprender a manejar las dos al mismo tiempo. Este control constante puede funcionar como un tipo de entrenamiento mental. No significa que todas las personas bilingües sean automáticamente mejores en todo.
La ciencia aquí es bastante cuidadosa. Algunos estudios encuentran ventajas claras y otros encuentran resultados más pequeños o mezclados. Pero la idea general, y lo que mencioné hace un momento, es la siguiente.
Usar varios idiomas exige al cerebro una práctica continua de atención, cambio y control. En otras palabras, no existe ninguna desventaja. Y esto nos lleva a una pregunta, a una pregunta importante.
¿Aprender un idioma te hace más inteligente? Y la respuesta honesta, como buen gallego, los gallegos siempre damos esta respuesta, es: depende. Depende de qué entendamos por inteligente. Si por inteligente entendemos que de repente vamos a tener una memoria perfecta, resolver ecuaciones más rápido o convertirnos en genios, no.
Evidentemente esto no va a suceder. Aprender un idioma no funciona como una poción mágica. Es decir, aprendes el idioma y de repente tienes superpoderes.
Si entendemos la inteligencia como la capacidad de adaptarte, de resolver problemas, de entender diferentes puntos de vista, concentrarte mejor, comunicarte mejor con las personas o mantener tu cerebro activo, entonces sí. Entonces aprender un idioma sí te hace más inteligente en un sentido real y práctico. Porque un idioma no es una lista de palabras, es un sistema.
Y aprender un sistema nuevo obliga a crear nuevas conexiones. Piensa, por ejemplo, en una palabra que no existe exactamente igual en tu idioma. O en una expresión que no se puede traducir palabra por palabra.
Al principio puedes pensar, esto no tiene sentido, pero luego entiendes que sí lo tiene. Simplemente desde otra lógica. Y aquí pasa algo bonito.
Tu mente se vuelve menos rígida. Aprender idiomas te enseña que hay más de una forma de decir las cosas y poco a poco te enseña que hay más de una forma de ver las cosas también.
Muchos científicos han estudiado una idea que se llama reserva cognitiva.
Suena un poco técnico pero esto es muy fácil. Y para entenderlo bien vamos a volver a los ejemplos. Imagínate dos personas que tienen cambios parecidos en el cerebro debido a la edad.
Una de ellas empieza a mostrar síntomas antes y la otra tarda más tiempo. ¿Por qué es esto? Pues hay mil razones. La educación, la vida social, ejercicio, alimentación, genética... Y una de ellas es el uso de más de un idioma.
Ya que hay muchísimos estudios que han encontrado que las personas bilingües pueden mostrar síntomas de demencia o de Alzheimer mucho más tarde que las personas monolingües. En algunos análisis incluso se habla de diferencias de más de 5 años. Esto es lo que se conoce como la reserva cognitiva.
Es como una especie de colchón mental. Se trata de la capacidad que tiene el cerebro para seguir funcionando bien aunque aparezcan daños. No significa que el cerebro sea invencible pero significa que el cerebro tiene más recursos para compensar o que se mantiene en mejor estado.
Esto evidentemente es importante pero hay que explicarlo con cuidado. No significa que hablar dos idiomas o más elimine el riesgo de Alzheimer. No significa que si empiezas hoy a estudiar español ya estás protegido para siempre.
Esto no es lo que dice la ciencia. Lo que sugiere la investigación es que saber más de un idioma está relacionado con una mayor resistencia del cerebro. Es decir, puede ayudar a que el cerebro aguante mejor durante más tiempo antes de mostrar síntomas de envejecimiento.
Y aquí aparece una imagen que me gusta mucho. Aprender un idioma es como construir caminos alternativos en una ciudad. Si una calle se corta todavía puedes llegar a tu destino por otra ruta.
Si hay obras en una avenida puedes tomar una calle secundaria. Cuantos más caminos tiene la ciudad, más flexible es. Y con el cerebro pasa algo parecido, pero mucho más complejo.
Cuantas más conexiones, más hábitos mentales, más actividades complejas y más experiencias cognitivas, más posibilidades tiene el cerebro de encontrar rutas alternativas. Y aprender un idioma es una de las mejores actividades que le puedes dar a tu cerebro. Y si aun así te estás preguntando por qué, pues es sencillo.
Porque mezcla muchas cosas al mismo tiempo. La memoria, porque tienes que recordar palabras. La atención, porque tienes que escuchar detalles.
La emoción, porque a veces te puede dar vergüenza hablar. El movimiento, porque usas la boca, la lengua, la respiración. La cultura, porque tienes que aprender diferentes formas de vivir, diferentes códigos éticos.
Y también la comunicación, porque el objetivo final no es aprobar un examen, sino conectar con otras personas. Es decir, aprender un idioma no entrena sólo la parte de la mente, entrena muchas otras partes. Por eso algunas personas comparan el aprendizaje de idiomas con ir al gimnasio, pero para el cerebro.
Y yo, que soy una persona que lleva años yendo al gimnasio, pienso que esta comparación es perfecta, porque funciona bastante bien. Cuando vas al gimnasio una vez, tu cuerpo no cambia. Cuando estudias un idioma una tarde, pues tampoco.
Pero si lo haces con frecuencia, si vuelves, si practicas, si escuchas, hablas o lees, si cometes errores y sigues, entonces estás creando un hábito mental muy poderoso. Cuando dejas de ir al gimnasio, puedes perder tu músculo, puedes perder tu masa muscular. Y lo mismo sucede cuando dejas de estudiar un idioma.
Evidentemente, aprender un idioma aún tiene más beneficios de los que hemos hablado. Y esto nos lleva a otra idea. Aprender un idioma mantiene tu cerebro activo porque combina la dificultad y la recompensa.
Y ahora vamos a explicarlo. Si algo es demasiado fácil, el cerebro se aburre. Si algo es demasiado difícil, nos frustramos.
Pero un idioma, cuando se aprende bien, te da pequeños retos todo el tiempo. Hoy entiendes una frase que ayer no entendías o una canción. Hoy recuerdas una palabra que antes te olvidabas con frecuencia.
Hoy te atreves a decir algo en voz alta. Hoy ves una serie y por primera vez entiendes una broma. Esos pequeños logros son gasolina para la motivación.
Te pongo un ejemplo. Yo cuando aprendí inglés hace muchos años, ya que fue la primera lengua que aprendí, para mí el reto final sería siempre ver las series sin subtítulos. Para mí las series es lo más difícil porque hay efectos de sonido de fondo, hablan rápido y el lenguaje es muy coloquial.
De hecho, muchas veces no entiendo ni lo que se dice en las series en español, en mi propio idioma. El caso es que llevaba mucho tiempo sin ver ninguna serie o sin ver ninguna película y hace poco decidí ver una serie por mi cuenta. Y me sorprendió que al ver un episodio en inglés sin subtítulos, entendí completamente todo.
Ahora, yo estudio traducción e interpretación y normalmente suelo entender todo. No suelo tener dificultad entendiendo en inglés. Pero en estos casos siempre podía dejarme una palabra atrás, una expresión o una manera de pronunciar algo.
Y me quedé gratamente sorprendido de que tardé 3 episodios o más en darme cuenta de que no me estaba costando en absoluto. Estos momentos, como el que os acabo de contar, son señales para el cerebro, es dopamina. Y ahora es donde pasamos a hablar de neuroplasticidad.
Parece difícil pero es muy fácil de comprender. La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse. Durante mucho tiempo se pensaba que el cerebro adulto era fijo, como si después de cierta edad ya no pudiera cambiar mucho.
Y sí es cierto que el cerebro cuando más cambia es cuando eres niño, cuando eres adolescente, pero hoy sabemos que esto no es del todo así. El cerebro adulto también cambia, también aprende y se adapta. Quizás no aprende igual que el de un niño, como decíamos, pero sigue teniendo esa capacidad de transformación.
Y aprender un idioma es la forma más clara de poner esta capacidad a trabajar. Una persona adulta que aprende un idioma tiene que crear nuevos sonidos, nuevas asociaciones, nuevas formas de memoria. Tal vez le cueste más que a un niño, tal vez necesita más repetición, pero no significa que esto sea imposible.
De hecho, el adulto puede tener ventajas que un niño no tiene. Sabe organizarse mejor, entiende por qué aprende, puede comparar estructuras, tiene más experiencia y más estrategias. Así que la frase, ya soy demasiado mayor para aprender un idioma, es de las grandes mentiras que nos contamos.
Conozco muchísimas personas que han empezado a aprender un nuevo idioma a edades como 50 o 60 años. Nunca es tarde, ya que el cerebro de una persona de 21 años ya está igual de desenvuelto que el de una persona de 60 años. Entonces, si alguien joven de 21 años puede empezar y puede aprender, ¿por qué una persona más mayor no? Quizás seas demasiado impaciente, quizás estés utilizando un método que no te funciona, quizás esperas hablar perfecto en 3 meses, pero ser demasiado mayor no es una limitación.
Tu cerebro sigue aprendiendo. Y además, aprender un idioma no sólo puede ayudar a nivel cognitivo, también mejora la salud emocional.
Quiero que pienses en una persona que se muda a otro país y al principio no entiende nada.
Tiene miedo a ir al médico, a hacer una llamada o incluso a hacer la compra. Y cada situación pequeña se vuelve grande. Pero un día consigue pedir una cita, otro día entiende una carta y otro día habla con un vecino.
Y poco a poco aparece una nueva sensación de puedo hacerlo. Esta sensación de capacidad es muy importante porque se traduce a muchos otros ámbitos de la vida. Aprender un idioma puede aumentar la confianza porque te demuestra que eres capaz de mejorar con la práctica, te recuerda que equivocarte no significa fracasar, significa que estás dentro de un proceso.
Y esto es especialmente valioso para adultos porque muchas veces con la edad empezamos a evitar situaciones donde no somos buenos. Queremos sentirnos competentes todo el tiempo, queremos controlar y queremos saber hacerlo bien desde el principio. Pero aprender un idioma te obliga a volver a ser principiante.
Y eso puede parecer incómodo, pero es muy sano. Ya que ser principiante te hace humilde, te hace paciente, te hace más comprensivo con otras personas que están aprendiendo y también te devuelve una sensación de curiosidad que a veces perdemos. Por eso siempre digo que aprender un idioma no es sólo aprender a hablar, sino también es aprender una nueva cultura y esta es la curiosidad que te da aprender un idioma.
Hay algo completamente juvenil en aprender nuevas palabras y querer usarlas inmediatamente y esta es una sensación que vas a vivir independientemente de la edad que tengas. Cuando aprendes a decir gracias en otro idioma, de pronto buscas una nueva oportunidad para decirlo. Es una pequeña alegría, pero es real.
Otro beneficio importante es el beneficio social. Los idiomas te abren puertas, pero no sólo puertas laborales o académicas. Abren puertas humanas.
Cuando aprendes el idioma de otra persona, aunque sea un poco, estás diciendo tu mundo me interesa, me interesa tu país y esto cambia la relación por completo. Evidentemente, no todas las personas de todos los países cuando les hablas en su idioma se sienten halagados. Yo he viajado a varios países que cuando les hablas en su idioma no les gusta demasiado.
No voy a decir qué países fueron esos, evidentemente, porque depende mucho de la persona y de la zona. Así que, volviendo a lo nuestro, no es lo mismo visitar un país no entendiendo lo que pone un cartel, no sabiendo saludar o pedir algo. Tampoco es lo mismo conocer a alguien y hablarle siempre desde tu idioma que hacer el esfuerzo de entrar, aunque sea un poco, en el suyo.
El idioma crea esa cercanía y esa cercanía es importante. Porque, como decíamos antes, la salud mental no depende sólo de hacer ejercicios mentales. Depende de la vida social, de sentirse conectado, de tener conversaciones, de participar en comunidades y de no vivir aislado.
Aprender idiomas puede darte más oportunidades de conectar, puede ayudarte a hacer amigos, a entender culturas, a viajar con más seguridad, a consumir libros, películas, música, podcast, evidentemente, de otra manera. Y cada una de estas experiencias alimenta el cerebro. Imagínate la cantidad de contenido nuevo que descubres cuando aprendes un nuevo idioma.
De repente se te abren las puertas a un nuevo mundo de escritores, libros, podcast, novelas, etc.
Y ahora vamos a volver un momento a la idea de inteligencia. Hay una forma de inteligencia que no siempre se mide en los exámenes.
Esto es la inteligencia cultural. Y para mí esto es la manera de entender que tus costumbres no son las únicas, que tu forma de expresar educación, humor o cariño no es universal, que una frase normal en un idioma puede sonar fría en otro y que la traducción perfecta no siempre existe. Cuando aprendemos un idioma, aprendemos también una manera de organizar la realidad.
Por ejemplo, hay idiomas que usan formas muy diferentes para hablar con respeto, otros tienen palabras muy específicas para las relaciones familiares, y cuando descubres esto, tu mente se amplía. No porque un idioma sea mejor que otro, sino porque cada idioma ilumina una parte distinta de la experiencia humana. Así como ejemplo, en la zona de España en la que yo vivo, Galicia, se habla otro idioma, el gallego.
Este idioma, aunque mis profesores del instituto se cabrearían si me escuchan decir esto, es como un idioma entre el español y el portugués. Es como una mezcla, podríamos decir, para simplificarlo. En esta zona de España llueve muchísimo.
De hecho, ahora mismo, mientras grabo este episodio, está lloviendo. En este idioma, el gallego, que se habla en Galicia, hay más de 100 palabras para decir lluvia. Debe ser de los idiomas del mundo donde más palabras tiene para designar una sola cosa.
Es como entrar en una casa con muchas ventanas. Tu idioma nativo es una ventana preciosa, pero no es la única. Aprender otro idioma te abre otra ventana, y de repente ves cosas que no veías antes.
Por supuesto, no todo es romántico. Aprender idiomas también es frustrante. Hay días en los que olvidas una palabra que habías repetido 20 veces.
Hay días en los que entiendes todo en clase, pero en la vida real no entiendes nada. Hay días en los que alguien habla demasiado rápido y piensas, ¿qué estoy haciendo con mi vida? Esto forma parte del proceso. Es frustrante, pero es así.
Porque aprender un idioma entrena la tolerancia y, sobre todo, la tolerancia a la incomodidad. Te enseña a vivir con la incertidumbre, a no entenderlo todo y a seguir adelante. A captar el sentido general, aunque no entiendas cada palabra.
Y esta habilidad sirve para mucho más que los idiomas. Sirve para una conversación difícil, para vivir en otro país, para aceptar que no siempre tenemos el control de todo. Así que, en cierto modo, aprender un idioma te entrena para ser más flexible en la vida.
Ahora, a medida que avanzamos en nuestra lista de beneficios, hay un beneficio que muchas personas no esperan. Aprender otro idioma puede mejorar la relación con tu propio idioma o incluso te puede hacer más bueno en tu propio idioma. Cuando estudias una nueva lengua, empiezas a mirar tu idioma nativo con más atención.
Te preguntas por qué dices cosas de cierta manera, descubres reglas que usabas sin saber, comparas expresiones, notas matices o incluso, esta es mi parte favorita, aprendes una palabra en un nuevo idioma que no sabías en tu idioma nativo. Como yo estudio traducción e interpretación, tengo que aprender muchísimas palabras en inglés, tengo que saber muchas palabras para poder identificarlas todas y en muchos casos, de hecho en muchísimos casos, he aprendido palabras en inglés que no sabía la traducción a español simplemente porque aún no conocía esa palabra en español. Es como si tu propia lengua, que antes era transparente, se volviera visible y esto mejora tu capacidad de comunicación.
Empiezas a elegir mejor las palabras, a explicar mejor, a escuchar mejor, a darte cuenta de que entender no es siempre automático. Porque una persona que aprende idiomas suele desarrollar más empatía hacia quienes hablan con acento o quienes cometen errores porque sabe lo que cuesta, sabe lo vulnerable que uno se puede sentir cuando intenta expresarse en una lengua que no domina y esta empatía también nos hace más inteligentes. Aunque no aparezca en un test.
Pero, si queremos ser honestos, hay que decir algo más. No basta con descargar una aplicación y practicar cinco minutos durante tres días. Los beneficios del aprendizaje de idiomas dependen de la constancia, del uso real y del nivel del reto.
Como ir al gimnasio, como decíamos hace un momento, si no vas al gimnasio una semana, entonces puedes perder progreso. El cerebro necesita repetición, necesita práctica y necesita volver a la información muchas veces. Y, sobre todo, necesita usar el idioma con sentido.
No hace falta vivir en otro país, no hace falta hablar perfecto y tampoco hace falta estudiar tres horas al día. Cuando yo visité el Reino Unido con 18 años, nunca había viajado a ningún país de habla inglesa y, sin embargo, mi inglés ya era completamente avanzado. No tuve ningún problema al comunicarme allí.
Lo que importa es crear contacto frecuente con el idioma, escuchar un podcast, como estás haciendo ahora, leer textos sencillos, hablar contigo mismo, escribir frases, ver vídeos, repetir en voz alta, tener conversaciones cuando se pueda, porque el idioma no se instala en la mente como una aplicación en un teléfono. El idioma se cultiva y aquí podemos volver a la persona del principio. ¿Os acordáis aquella persona mayor que abre la aplicación, que repite una frase, que se equivoca, que se ríe y vuelve a intentarlo? Esta persona quizás piense que sólo está aprendiendo vocabulario, pero en realidad está haciendo mucho más.
Está entrenando su memoria, su atención, su paciencia, creando nuevas conexiones y construyendo poco a poco una mente más flexible. Y quizás, sin darse cuenta, está invirtiendo en su salud cerebral futura, no como una garantía absoluta, no como una medicina milagrosa, pero como una práctica rica, humana y mentalmente exigente que puede formar parte de una vida más activa y más saludable. Porque, al final, aprender un idioma es una de las actividades más completas que existe.
Tiene ciencia porque activa el cerebro. Tiene emoción porque nos enfrenta al miedo y a la vergüenza. Tiene cultura porque nos acerca a otras formas de vivir.
Tiene memoria porque nos obliga a recordar. Tiene identidad porque nos preguntamos quiénes somos cuando hablamos o cuando hablamos de otra manera. Y tiene conexión porque todo idioma existe para llegar a alguien.
Así que, la próxima vez que alguien diga aprender idiomas sirve para viajar o sirve para encontrar trabajo, o si alguien dice la frase que más odio de todas, no puedes aprender un idioma cuando eres mayor, no sólo tendremos que desmentir esa frase, sino que también tendremos que decir que también sirve para mantener vivo el cerebro, para entrenar la mente, para envejecer mejor, para entender mejor a otros y sirve para recordarnos algo muy importante, que nunca estamos completamente terminados y siempre podemos aprender otra palabra, otra frase y otra forma de mirar el mundo.
Quiero mandarle un saludo especial a mi madre porque ella es una de estas personas que siempre dice que no puede aprender un idioma porque es demasiado mayor, porque no tiene la energía. Así que, no sólo mi madre, sino cualquier otra persona, si estás escuchando este episodio y piensas que no puedes progresar con el español, que no puedes aprender más idiomas, es completamente mentira y hay muchísimos casos que demuestran lo contrario.
Dicho esto, espero que este episodio te haya gustado y que hayas aprendido. Como podéis ver, es un tema que a mí me encanta, ya que tenía pensado hablar mucho menos. Siempre que grabo los episodios tengo una pequeña nota con las ideas más importantes de las que debo hablar para no olvidarme y, en este caso, me he ido por las ramas.
Es decir, he hablado mucho más de lo que debería. Así que simplemente espero que os haya gustado y, como sabéis, estoy probando nuevas ideas, nuevos formatos de episodios. Me encantaría que me dijeseis en los comentarios qué os ha parecido este episodio largo, estos formatos más largos de episodios, y qué os gustaría que cambiase.
Evidentemente, no todos los episodios van a ser de esta duración. Muy posiblemente el episodio de la semana que viene vuelva a durar entre 12 y 18 minutos, más o menos. Y, como siempre, os recuerdo que la transcripción de este episodio estará disponible en la descripción de manera completamente gratuita.
Creo que ya he hablado suficiente por hoy, así que yo me despido y nos veremos la semana que viene.