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Spanish Lore
Portada del episodio 20: ¡Tortilla de patatas!

Episodio 20

¡Tortilla de patatas!

Transcripción completa · 3.354 palabras · unos 22 min de audio

Hola a todos y a todas, y bienvenidos a un nuevo episodio del podcast.

Hoy quiero comenzar diciendo que la semana pasada, en el último episodio, dije que hoy hablaríamos de algo nuevo y novedoso en este podcast, algo de lo que no había hablado hasta el momento. Pues bien, como sabréis, yo estudio a la vez que creo contenido y administro este podcast, y esta última semana me ha resultado imposible preparar un episodio tan extenso y complicado como el que tenía pensado preparar. Es un episodio en el que tengo que analizar varios datos, y no os preocupéis porque no será un episodio complicado.

Pero, ¿qué significa esto? ¿Qué quiero decir con esto? ¿Que no voy a publicar este episodio? Y la respuesta es que, evidentemente, sí que publicaré este episodio. La diferencia es que será la semana que viene. He tenido que aplazarlo para la semana que viene, y hoy vamos a hablar de algo que también es nuevo, pero es un tema que apenas necesito preparar.

Es algo que me conozco tan bien y que sé tan bien lo que voy a contar que apenas he tenido que consultar muchas páginas o distintas fuentes para producir un buen episodio. Así que, hoy vamos a hablar de algo más sencillo, evidentemente. Hoy voy a hablaros de uno de mis platos de comida favoritos o incluso mi plato favorito.

Así que, ¡vamos a ello!


Quizás te hayas dado cuenta por el título del episodio, pero vamos a imaginar que quieres preparar un plato de comida. En este caso, un plato de comida española. Y sólo tienes cuatro ingredientes.

Estos ingredientes son patatas, huevos, aceite y sal. Nada especial. Pero, sin embargo, con estos ingredientes tan sencillos puede aparecer uno de los platos más importantes, más queridos y más discutidos de la cocina española.

Estoy hablando de la tortilla de patatas. La tortilla de patatas tiene algo curioso. Parece humilde, casi demasiado simple.

No necesita una salsa elegante ni una presentación moderna, ni siquiera ingredientes difíciles. Pero, al mismo tiempo, está en todas partes. Esta sí que es una de las cosas que puedes encontrar en todas las partes de España.

En los episodios anteriores hablábamos de que España es un país muy diverso, con muchas regiones y cada región tiene una cultura algo distinta. En este caso, la tortilla está en todos los bares, en todas las casas, en las meriendas, en los viajes, en las fiestas, en los domingos tranquilos e incluso en cenas improvisadas. Es uno de esos platos que no solo se come, es una experiencia y lo recuerdas siempre.

Porque casi todo el mundo en España tiene una tortilla importante en su memoria. La tortilla de su madre, de su padre, de su abuela, de un bar de confianza, de una excursión al campo, un bocadillo y muchas más. En mi caso, evidentemente, es la tortilla de mi abuela.

Yo, la mejor tortilla que he probado es la que mi abuela prepara, sin lugar a dudas. Y quizás por esto, la tortilla de patatas no es solo comida, es una pequeña parte de la vida diaria. Y sí, estoy hablando de la vida diaria, ya que muchas personas, a la hora de tomar el café o a la hora de su descanso, se toma una tortilla como pincho prácticamente todos los días.

Pero de esto hablaremos más tarde. Así que, antes de llegar a la sartén, antes de llegar a esta tortilla dorada por fuera y jugosa por dentro, tuvo que pasar algo muy importante. Y esto es que la patata no estaba en Europa. La patata tuvo que llegar a Europa.


Hoy, la patata nos parece normal. Está tan presente en nuestra cocina que casi parece que siempre ha estado aquí.

Patatas fritas, patatas cocidas, puré, guisos, ensaladilla, tortilla... Pero la patata no nació en Europa, ni nació en España. La patata viene de América, especialmente de la zona de los Andes, en América del Sur. Allí, los pueblos antiguos ya la cultivaban mucho antes de que los europeos, en este caso los españoles, llegaran al continente americano.

En esa zona, donde hay montañas altas y climas difíciles, la patata era un alimento muy importante. Resistía muy bien al frío, alimentaba mucho y podía crecer donde otros productos no lo hacían tan fácilmente. Para muchas comunidades, la patata no era un complemento, era una base de la alimentación.

Entonces, cuando los españoles llegaron a América en el siglo XVI, encontraron muchos productos que en Europa no se conocían o no eran comunes. El tomate, el maíz, el cacao, pimientos y, por supuesto, la patata. Y como era de esperar, poco a poco estos productos viajaron en barcos hacia España.

Ahora bien, cuando la patata llegó a Europa, no se convirtió inmediatamente en la reina de la cocina. Esto no fue para nada así. Al principio, muchas personas la miraban con desconfianza, y esto es interesante porque hoy pensamos que cómo se puede desconfiar de la patata, pero tenemos que imaginarnos aquella época.

Era un alimento nuevo, raro, que crecía debajo de la tierra, no se parecía a los cereales tradicionales como el trigo, no formaba parte de las costumbres y venía de otro continente, venía de muy muy lejos. Y cuando algo es así de nuevo, muchas veces la gente tarda en aceptarlo. Así que, durante bastante tiempo, la patata fue vista más como una curiosidad o como un alimento para animales que como un producto importante para las personas.

Pero poco a poco las cosas empezaron a cambiar. La patata tenía una ventaja enorme, ya que era barata, alimentaba mucho y podía cultivarse en prácticamente cualquier zona. En épocas de necesidad, cuando faltaba comida o cuando la cosecha de otros productos era mala, la patata podía ayudar a muchas familias.

Y ahora empieza la parte bonita de la historia, porque muchas veces los grandes platos no nacen en palacios ni en restaurantes famosos, nacen en cocinas sencillas cuando alguien tiene que preparar algo con lo que no hay. Es posible que alguien cogiese unas patatas, unos huevos, calentase un poco de aceite y pensó: bueno, vamos a ver qué sale. No sabemos exactamente quién hizo la primera tortilla de patatas, tal y como la conocemos a día de hoy, y quizás tampoco hace falta saberlo.

Hay muchas historias, algunas más famosas que otras, pero lo importante es que el plato empezó a formarse poco a poco. Primero estaba la tortilla de huevo, algo muy antiguo y sencillo. Después llegó la patata y en algún momento estas dos cosas se encontraron.

La idea parece simple, pero es brillante. La patata daba cuerpo, esto es textura, dulzura y era suave. El huevo lo une todo, dando sabor.

El aceite ayuda a cocinar despacio, también a dar sabor y hacer que todo sea más tierno. Y la sal, como siempre, hace su pequeño trabajo silencioso.


Vale, estamos ahora en el siglo XIX.

La tortilla de patatas está comenzando a hacerse más y más popular en España. No de golpe, evidentemente, no como una moda rápida, sino poco a poco. Era un plato económico, práctico y muy nutritivo.

Y esto es muy importante, ya que en muchas casas no había grandes recursos, la gente necesitaba comidas que llenaran, que pudieran alimentar a varias personas y que no fueran demasiado caras. Y la tortilla cumplía todo esto a la perfección. Además, tenía otra ventaja.

Se podía comer caliente, templada o fría. Esto parece un detalle pequeño, pero no lo es en absoluto. Un plato que se puede llevar, guardar y comer más tarde tiene mucho valor.

Y por esto la tortilla se volvió perfecta para el trabajo, para el campo, para los viajes y para compartir. Es decir, para todas las situaciones. Piensa en una familia que prepara una tortilla por la mañana.

Quizás una parte se come en casa, otra parte se guarda para la tarde y otra termina dentro de un bocadillo. La tortilla se puede cortar bien, se puede preparar para llevar y se puede cortar en trozos para repartir. Y así, con el tiempo, fue entrando en la vida de los españoles de una forma muy natural.

No como un plato especial reservado para grandes ocasiones, sino como algo más profundo, un plato de confianza. Hay comidas que impresionan, comidas que acompañan. La tortilla de patatas, en principio, podríamos decir que pertenece al segundo grupo.

Pero, desde luego, yo he probado tortillas que realmente impresionan. Pero claro, cuando un plato es tan querido, también aparecen las discusiones y distintas formas de prepararlo. Y en España hay una discusión clásica.

¿La tortilla con cebolla o sin cebolla? Esta pregunta puede parecer inocente, pero no lo es en absoluto. En algunas mesas, esto es, si estás comiendo con tu familia, si preguntas ¿Preferís la tortilla con cebolla o sin cebolla? Esto puede abrir un debate serio. Hay personas que defienden la cebolla con pasión porque aporta dulzor y jugosidad y hay otras personas que, sin embargo, dicen que la cebolla cambia demasiado el sabor y que la tortilla verdadera debe llevar solo patata, huevo, aceite y sal.

¿Y quién tiene razón? Pues depende de a quién le preguntes. Y quizás esto sea una de las gracias de la tortilla. Que no hay una sola tortilla de patatas, sino que hay miles.

Cada casa tiene su versión, cada bar tiene su punto y cada persona tiene sus manías. Algunas tortillas son altas y gruesas, otras son más finas, algunas están muy cuajadas, es decir, con el huevo bien cocinado, otras están jugosas, casi cremosas por dentro, tal y como me gusta a mí. Algunas llevan cebolla muy hecha, casi caramelizada, que significa cocinada lentamente hasta quedarse dulce.

Otras no llevan nada más que patata y huevo. Algunas patatas se fríen en láminas finas, otras se cortan en trozos pequeños y cada persona piensa y defiende que su manera es la correcta. Pero, en realidad, la tortilla acepta muchísimas formas porque su esencia es muy fuerte.

Mientras haya patata, huevo y una buena sartén, la idea sigue viva. De hecho, hay gente que añade chorizo a la tortilla. Esta es una variante que a mí personalmente me encanta también.

También hay algo muy español en la forma de discutir sobre la tortilla. No es una simple discusión, es una forma de hablar de costumbres, de infancia, de familia y mucho más. Cuando alguien dice, en mi casa se hace de esta manera, en realidad está diciendo algo más, está hablando de su historia personal.

Por ejemplo, imagina que una persona llega a un bar a media mañana. Tiene un poco de hambre, pero no quiere comer demasiado. Mira la barra y ve una tortilla cortada en triángulos, con el interior amarillo y brillante.

Pide un poco de tortilla, un pincho, en este caso un pincho es una porción pequeña que se sirve normalmente con pan. Lo prueba y sin querer compara esta tortilla con la de su casa. Puede pensar que está buena, pero a lo mejor está pensando, la de mi madre es diferente.

La que hacía mi abuela es la que me gustaba más. Y esto pasa siempre. La tortilla de un bar puede estar perfecta, pero la tortilla de casa es la que llevas en la memoria.

Es la tortilla de la que no te puedes olvidar. La tortilla de patatas tiene una importancia enorme en España. Es un plato democrático, con esto quiero decir que llega a casi todo el mundo.

No hace falta ser rico para prepararla, no hace falta vivir en una gran ciudad, no hace falta tener ingredientes raros y al mismo tiempo puede ser una maravilla cuando está bien hecha. Y también es un plato que le gusta a todo el mundo. Creo que en mi vida he conocido a alguien al que no le guste la tortilla de patatas.

Creo que es un plato que los españoles llevamos en el ADN y que estamos destinados a que nos guste.


Y ahora quiero hablar de algo también muy interesante. Esto es algo que pasa constantemente, aunque parezca una tontería.

Y es que en muchos bares la tortilla es una prueba de calidad. Hay personas que juzgan un bar solamente por su tortilla. Si la tortilla es buena, el bar gana puntos.

Si la tortilla es seca, sin sabor, o parece hecha sin cariño, algo falla. Porque hacer tortilla no es difícil, pero hacer una tortilla buena tiene su arte. Y ese arte está en los detalles.

La patata no puede estar cruda, pero tampoco tiene que quedar dura o seca. El huevo debe estar mezclado todo, pero sin desaparecer. El aceite debe dar sabor, pero no dejar una sensación pesada.

La sal debe estar en su punto. Y luego está el momento más famoso, darle la vuelta a la tortilla. Este momento es el momento de más tensión en la cocina.

Todo parece tranquilo hasta que llega el momento de darle la vuelta. La tortilla está en la sartén, el plato está preparado, la persona que cocina respira un poco más hondo. Hay que apoyar el plato, girar la sartén con decisión y confiar.

Durante un segundo todo puede salir bien o todo puede terminar en desastre. La tortilla puede caer perfecta sobre el plato, redonda y orgullosa, o puede romperse, deslizarse, perder forma y convertirse en una especie de mezcla triste de huevo y patata. A casi todo el mundo le ha pasado esto alguna vez.

Y por eso, cuando sale bien, hay una pequeña sensación de victoria. La tortilla también tiene una gran capacidad para adaptarse. Aunque la versión más clásica es la más famosa, existen muchas variaciones como hablábamos hace un momento.

Algunas personas también añaden pimientos, calabacín, queso o chorizo como os decía. En algunos casos estas versiones están muy buenas. Pero también es verdad que para muchos españoles, cuando se habla de tortilla de patatas, se habla de la tortilla clásica.

Las variaciones pueden ser interesantes, pero la tortilla original tiene un lugar especial. Quizás os surja una pregunta. ¿Por qué un plato tan simple puede ser tan importante para un país entero? Y la respuesta posiblemente esté en su sencillez.

La tortilla de patatas representa una idea muy poderosa. Con pocos ingredientes se puede hacer algo completo, sabroso, para compartir. En un mundo donde muchas veces buscamos lo nuevo, lo rápido o lo espectacular, la tortilla nos recuerda que lo básico también puede ser extraordinario.

Además, la tortilla está muy unida a la idea de compartir. Rara vez se hace una tortilla para mirar el plato en silencio. La tortilla se corta, se ofrece y se reparte.

Puede estar en una mesa grande, en una cena informal, en una fiesta de pueblo o en una comida familiar. Es fácil ponerla en el centro de la mesa y decir ¡coged todos! De hecho, ese ¡coged! es casi parte del plato. También es un plato que cruza generaciones.

Los abuelos la preparaban, los padres la preparaban y los jóvenes, en muchos casos, intentamos prepararla y muchas veces llamamos a casa para preguntar ¿cuánto tiempo tengo que dejar las patatas? o ¿cuándo hay que darle la vuelta? Y así, sin grandes discursos, una receta pasa de una generación a otra. Es uno de esos pocos platos que todos intentamos hacer. No sólo los abuelos, los padres, sino que también los nietos.

Es un plato atemporal. No se transmite sólo una lista de ingredientes, se transmite una manera de mirar la cocina, podríamos decir. Cocinar despacio, probar, corregir, no tener miedo a equivocarse, ya que una tortilla rota sigue siendo comida.

Y en muchos casos sigue estando igual de buena. Así que la historia de la tortilla de patatas es, en el fondo, la historia de un viaje. Primero, la patata viaja desde América hasta Europa.

Después entra poco a poco en la cocina española. Más tarde se encuentra con el huevo en la sartén. Y finalmente se convierte en parte de la identidad cotidiana de un país.

Pero no es una identidad seria, cerrada o solemne. Es una identidad sencilla, de cocina, de barra de bar, de bocadillo envuelto en papel, de comida compartida. La tortilla no necesita bandera ni ceremonia.

Su importancia está en que aparece una y otra vez en momentos normales de la vida. Y esto es quizás lo más bonito. Porque cuando pensamos en la cocina de un país, a veces imaginamos platos muy elaborados, platos de fiesta, platos de restaurante, platos que necesitan horas y técnicas complicadas.

Pero muchas veces los platos más importantes son los que están en la vida diaria, los que comes sin pensar demasiado hasta que un día estás lejos de casa y los echas de menos. Una persona española que vive fuera puede encontrar muchos platos internacionales, puede comer pasta, sushi, hamburguesas, curry o comida mexicana, pero quizás un día de repente siente ganas de una tortilla de patatas. No una tortilla cualquiera, una tortilla como la de casa, con el punto exacto de sal, con la textura conocida, con ese sabor que no necesita explicación.

Y entonces la tortilla se convierte en algo más que una receta. Se convierte en la forma de acordarse de casa, de acordarse de las conversaciones, de una tarde de verano, una cena rápida, a tu bar del barrio o a una excursión con amigos. Todo esto puede estar dentro de un trozo de tortilla.

Por eso, cuando hablamos de tortilla de patatas, no hablamos sólo de patatas y huevos. Hablamos de historia, sí, pero de una historia que terminó en las casas. Hablamos de América y de Europa, pero también de una sartén concreta.

Hablamos de un alimento que cruzó el océano y que con el tiempo encontró un lugar permanente en la cocina española. Y lo hizo silenciosamente, lo hizo sin hacer ruido. La patata llegó como algo nuevo y extraño, durante años fue observada con dudas, después se convirtió en una ayuda para muchas familias, más tarde se mezcló con el huevo y el aceite y hoy es casi imposible imaginar la cocina española sin tortilla de patatas.

Al final, quizá esta es la grandeza de este plato. No nació para impresionar, nació para alimentar y con el tiempo para emocionar. Así que, la próxima vez que veas una tortilla de patatas en una barra de bar o en una mesa familiar, puedes mirarla de otra manera.

No como un plato simple, sino como el resultado de un viaje larguísimo. Un viaje que empezó en las montañas de América, cruzó el mar, entró poco a poco en las cocinas españolas y terminó en una sartén caliente.

Y luego queda la pregunta más importante. ¿Con cebolla o sin cebolla? Y si me preguntas a mí, evidentemente, con cebolla.


Espero que este nuevo formato de episodios os guste, ya que recientemente me di cuenta de que mis episodios podían llegar a ser un poco técnicos, con muchos datos, así que me replanteé un par de cosas sobre cómo hacerlos, cómo hacerlos más entretenidos, y este está siendo el resultado. Episodios más conversacionales, con menos datos técnicos, más personales y con muchas más anécdotas que ayudan mucho a recordar lo que aprendemos.

En general, a mí personalmente me está encantando el resultado, son episodios con los que se puede aprender mucho, también te pueden ayudar a descansar, relajarte y aprender de una forma entretenida. Hoy no tengo mucho más que añadir. Recordad que a través de mis enlaces de la descripción podéis acceder a la transcripción del episodio de manera completamente gratuita.

Y también, si te gusta mi podcast, siempre puedes echarle un vistazo a mi suscripción de Patreon, en la que ofrezco contenido extra de cada episodio para profundizar en todos los temas de los que hablo. Con esto también conseguirás acceso a listas de vocabulario, una comunidad privada y mucho más. La semana que viene hablaremos, ahora sí, de una vez por todas, de un tema que a mí me gusta mucho y un tema algo diferente en este canal.

Yo me despido y, como siempre, nos veremos la semana que viene.