Episodio 23
La primera vuelta al mundo
Transcripción completa · 2.680 palabras · unos 18 min de audio
Hola a todos y a todas y bienvenidos a un nuevo episodio.
Hoy vamos a hablar sobre lo que muchos historiadores consideran la primera vuelta al mundo. Este es un tema que me fascina, es algo que tenía algo olvidado, pero por casualidad la semana pasada escuché un podcast sobre esta misma historia que os voy a contar hoy. Me hizo recordar todo y me encantó.
Entonces pensé, ¿por qué no hablar sobre esto en el podcast? ¿Y por qué no hacerlo desde mi propio enfoque? Antes de nada, si notáis que mi voz está un poco diferente hoy o que se me escucha un poco distinto es porque estos últimos días he estado un poco enfermo. No debería notarse, pero si se nota, ahora ya se sabe por qué.
Entonces, hoy vamos a estar hablando de la primera vuelta al mundo y qué tiene que ver España en este viaje.
Hace unos 500 años, cinco barcos salían hacia el horizonte. No salían de paseo, tampoco salían con un mapa claro ni con una ruta segura, sino con una idea muy poderosa y al mismo tiempo muy peligrosa.
Querían encontrar un camino hacia Asia navegando hacia el oeste. En aquella época, Asia no era sólo un lugar lejano, era el gran objetivo comercial de Europa, de cualquier potencia europea. Allí estaban las especias, productos como el clavo, la canela o la nuez moscada.
Hoy nos parecen ingredientes normales de cocina, pero en aquel entonces podían valer muchísimo dinero. Las especias servían para cocinar, para conservar alimentos y también como símbolo de riqueza. Por eso, llegar a las islas de las especias era mucho más que una aventura, era una cuestión de poder.
Portugal ya tenía una ruta importante hacia Asia rodeando África. España, en cambio, buscaba otra posibilidad, cruzar el Atlántico, llegar a América y encontrar algún paso que permitiera continuar hacia el otro lado. La pregunta era tan sencilla como enorme. ¿Existía una puerta entre el Atlántico y el océano que estaba más allá de América?
Y aquí es donde aparece uno de nuestros protagonistas de hoy, Fernando de Magallanes. Magallanes era portugués, pero terminó trabajando para la corona española. Esto, como os podéis imaginar, le hace que su historia empiece con tensión. No era un hombre cualquiera.
Tenía experiencia en viajes, conocía el mundo marítimo portugués y sabía que las rutas hacia Oriente podían cambiar la suerte de un reino entero. Pero también era un hombre que había perdido todo el apoyo en Portugal. Por diferentes problemas y conflictos dejó de ser útil para su propio rey y entonces hizo algo muy arriesgado en la época.
Llevó su proyecto al país rival, a la potencia rival, en este caso España. La idea que presentó en España era ambiciosa. Navegar hacia el oeste, encontrar un paso por el sur de América y llegar a Asia por una nueva ruta.
Si funcionaba, España podría entrar en el negocio de las especias sin usar el camino portugués y esto convertiría a España en una potencia incluso más poderosa de lo que ya era. Sobre el papel era brillante, pero como veremos a continuación, el mar se volvería una auténtica pesadilla.
La expedición se preparó con cinco naves. Este dato es importante. Más de 200 hombres. Después volveremos a esto. Había marineros de distintos lugares, con distintas lenguas, distintas lealtades y distintas esperanzas.
Algunos buscaban dinero, otros prestigio y otros quizás simplemente obedecían órdenes. Pero todos compartían algo. Nadie sabía realmente lo que les esperaba. Desde el principio, Magallanes tuvo un problema añadido. No sólo tenía que dirigir barcos, sino que también tenía que dirigir personas que no confiaban en él.
Para muchos españoles de la expedición, era difícil aceptar que un portugués estuviera al mando de una misión tan importante para España. Y en un viaje así, la desconfianza puede ser muy peligrosa. Un barco es un espacio pequeño. No hay escapatoria.
Si hay tensión, se nota en cada comida, en cada orden, en cada silencio. Y cuanto más se alejaban de Europa, más grande se hacía esta tensión. La flota cruzó el Atlántico y llegó a la costa de América del Sur. Esta parte fue relativamente fácil, pero ahí, en la costa de América del Sur, empezó la verdadera búsqueda.
Durante semanas y semanas, los barcos avanzaron hacia el sur, siguiendo la costa que hoy en día sería Brasil, Uruguay y Argentina. Magallanes buscaba una entrada, un canal, una señal de que el continente podía atravesarse. Pero lo que encontraban una y otra vez eran falsas esperanzas.
Bahías que no llevaban a ninguna parte, ríos que se cerraban, costas que no parecían terminar nunca, y cada día, sin encontrar el paso, era un golpe para la moral, para los ánimos de la tripulación. El paisaje cambiaba, el clima se volvía más frío, el viento más duro y la distancia de vuelta a casa era cada vez mayor.
Entonces apareció una duda muy humana. ¿Y si Magallanes estaba equivocado? Porque una cosa es creer en una idea cuando estás en la corte, rodeado de mapas y de promesas. Otra cosa muy distinta es creer en esa idea cuando estás en un barco húmedo, cansado, con frío y mirando una costa interminable.
La expedición llegó a una zona muy dura del sur de América y allí decidieron detenerse durante los meses más difíciles. El invierno, el frío y la falta de certezas hicieron el resto. La tensión explotó. Algunos capitanes se rebelaron contra Magallanes.
Querían abandonar la expedición, querían volver, y para ellos, seguir hacia el sur era caminar hacia el desastre. Magallanes reaccionó con firmeza. Sabía que, si perdía el control en ese momento, todo se acabaría ahí. No podía permitir que la expedición se rompiera, así que sofocó el motín, castigó a los responsables y dejó claro que el viaje continuaría.
Fue un momento brutal, pero también un momento decisivo. A partir de ahí, la expedición ya no era sólo una búsqueda geográfica. Era una lucha por mantener vivo un proyecto que parecía estar siempre al borde del fracaso.
Y entonces, cuando parecía que todo estaba perdido y que la costa no iba a ofrecer ninguna respuesta, apareció la entrada.
Esta entrada no era una puerta clara y abierta. Era más bien un laberinto de agua, un paso estrecho, difícil, rodeado de tierras frías y paisajes desconocidos.
Navegar por ahí era peligroso, las corrientes podían ser engañosas, el viento podía cambiar y nadie sabía si aquel camino tendría salida o si terminaría como tantas otras falsas pistas. Pero esta vez parecía que el camino continuaba. Los barcos avanzaron poco a poco, cada curva podía ser la última, cada canal podía cerrar la esperanza.
Hasta que después de días de navegación difícil, el mar se abrió al otro lado. Habían encontrado el paso. Este lugar hoy lo conocemos como el Estrecho de Magallanes y se encuentra en el sur de Argentina. Para ellos, este momento fue mucho más que un lugar en el mapa, fue la prueba de que la idea era posible.
América podía rodearse por el sur y había una salida hacia otro océano, pero incluso este gran triunfo llegó con grandes pérdidas. Mientras cruzaban el paso, una de las naves desertó y regresó a España. Esto significa que esta nave dio la vuelta y volvió de vuelta para España.
La expedición perdió hombres, recursos y fuerza. Aun así, Magallanes decidió continuar. Había encontrado la puerta y ahora tenía que cruzar el océano que estaba al otro lado. Nunca habían estado tan cerca.
Y al principio aquel océano parecía tranquilo. Sus aguas no eran tan violentas como las que habían conocido antes y por esto mismo Magallanes lo llamó Océano Pacífico. El nombre no suena muy peligroso, pero pronto descubrirían que la calma puede ser una trampa.
En aquella época no se conocía la extensión de los océanos a la perfección y el Océano Pacífico era un océano nuevo. Lo que no sabían era que el Océano Pacífico era enorme, muchísimo más grande de lo que imaginaban. Durante semanas los barcos navegaron sin encontrar tierra.
Luego las semanas se convirtieron en meses, el agua se estropeaba, la comida se pudría y las fuerzas desaparecían. El océano parecía no acabar nunca. Y aquí la historia cambia de tono. Ya no estamos ante exploradores buscando riqueza.
Estamos ante hombres intentando sobrevivir. Comieron lo que pudieron, bebieron lo que había. Muchos se enfermaron. Una de las enfermedades más temidas era el escorbuto, una enfermedad causada por la falta de alimentos frescos como frutas o verduras.
Esta enfermedad debilitaba el cuerpo lentamente y podía llegar a matar. Imagínate esta escena. Un grupo de hombres en mitad del océano más grande del planeta, sin saber cuánto falta para llegar a tierra, sin saber ni siquiera si hay tierra cerca, sin saber si alguien volverá a ver Europa.
El sueño de las especias quedaba muy lejos. En ese momento la riqueza no importaba. Importaba encontrar agua limpia, importaba ver una costa e importaba sobrevivir. Pero entonces, contra todo pronóstico, apareció tierra.
La expedición llegó a unas islas del Pacífico donde pudieron descansar un poco y conseguir alimentos. Rápidamente partieron de nuevo y llegaron a las islas Filipinas. Ahí parecía que el viaje había recuperado el sentido. Habían cruzado el gran océano, Asia estaba cerca y la misión original ya no parecía imposible.
Fue entonces cuando Magallanes tomó una decisión que cambiaría su destino por completo. En Filipinas no se limitó a seguir la ruta comercial. Empezó a participar en conflictos locales, buscó alianzas, intentó mostrar autoridad y se metió en una situación que no controlaba del todo.
En una batalla en la isla de Mactan, Magallanes murió. Este es uno de los giros más fuertes de toda la historia. El hombre que había imaginado la ruta, el hombre que había encontrado el paso, el hombre que había llevado la expedición hasta el otro lado del mundo, no terminó la vuelta al mundo.
Magallanes murió antes de completar su propio proyecto. La expedición quedó golpeada, habían perdido barcos, hombres, alimentos y ahora también a su líder. En este punto la pregunta ya no era cómo triunfar, la pregunta era mucho más básica, cómo volver.
Fue aquí donde apareció una figura tan importante en este viaje como Fernando de Magallanes. Este fue Juan Sebastián Elcano. Elcano no había sido el gran protagonista del principio del viaje, pero en la parte final se convirtió en una figura esencial.
Era un marino vasco, práctico y con experiencia y con una tarea durísima por delante. Llevar a los supervivientes de vuelta a casa. Los hombres llegaron finalmente a las Islas de las Especias. Lograron conseguir clavo, una especie muy valiosa.
Ese era el objetivo comercial de toda la expedición. Después de tanto sufrimiento habían alcanzado el destino, pero todavía faltaba lo más importante, regresar.
El camino de vuelta sería tan peligroso como el de la ida.
La nave Victoria, dirigida por Elcano, decidió continuar hacia el oeste. En lugar de volver por el Pacífico, por donde habían llegado, tomaría una ruta larguísima cruzando el Océano Índico rodeando África para regresar a España. Era una decisión arriesgada, pero también tenía lógica.
Si seguían avanzando, completarían el círculo. El problema era que la Victoria era una nave agotada, no llevaba una tripulación fuerte y descansada. Llevaba hombres enfermos, hambrientos, marcados por años de viaje, y cada tormenta podía destruirlos, cada error podía dejarlos perdidos, cada encuentro con portugueses podía ser un problema.
Porque Portugal no quería que España dominara esa ruta, ya que, como no dije antes, decidieron regresar por una ruta comercial controlada por los portugueses. Entonces el viaje de vuelta se complicó incluso más, pero decidieron continuar. De cinco barcos que habían salido llenos de esperanza, sólo uno consiguió volver.
De más de 200 hombres regresó un pequeño grupo. La Victoria llegó a España después de casi tres años de viaje, dañada, cargada de especias y con una noticia enorme. Habían rodeado el mundo. La primera vuelta al mundo se había completado.
Pero no fue una victoria limpia ni alegre. Fue una victoria llena de muertos, llena de muertes, hambre, miedo y pérdida. Por eso esta historia es tan fascinante. No es sólo una historia de descubrimiento.
Es una historia de resistencia, una historia sobre personas que siguieron adelante, incluso cuando casi todo les decía que debían rendirse. Magallanes fue clave porque imaginó el camino y encontró el paso entre los océanos. Sin él, aquella expedición probablemente no habría llegado tan lejos.
Pero Elcano fue quien completó el regreso. Sin él, quizás la historia habría terminado en Asia, con un grupo de supervivientes perdidos al otro lado del mundo. Uno abrió la ruta, el otro cerró el círculo. Y entre ellos hubo mucho más.
Marineros anónimos, hombres que no aparecen en los grandes títulos, pero que hicieron posible el viaje con sus manos, su cansancio y su resistencia. También es importante recordar que estas expediciones no ocurrieron en un mundo vacío. Los europeos llegaron a lugares donde ya vivían pueblos con sus propias culturas, lenguas, líderes y conflictos.
La vuelta al mundo fue una gran hazaña náutica, evidentemente, pero también formó parte de una época de conquista, comercio agresivo y choques entre sociedades. La historia es más interesante cuando la miramos completa, con sus luces y con sus sombras.
Porque la expedición de Magallanes y Elcano cambió la forma de entender el planeta. Hasta entonces el mundo era conocido por partes, había mapas, relatos y rutas separadas. Pero esta expedición demostró algo de manera práctica. Los océanos estaban conectados y la tierra podía recorrerse por mar en un gran círculo.
Hoy esto nos parece evidente. Podemos mirar un globo terráqueo, abrir un mapa en el móvil y ver el planeta entero en segundos. Pero para ellos esa idea se pagó con años de navegación, hambre y muerte.
La imagen final de este viaje lo resume todo. Una sola nave entrando en el puerto. Gastada, lo había perdido casi todo. Sus hombres estaban débiles, pero vivos.
Traían especias, pero también traían algo mucho más importante. Una prueba. El mundo era más grande de lo que Europa imaginaba. El Pacífico era inmenso. América no era una simple barrera.
Y la tierra no era sólo redonda como idea. Era redonda en la experiencia, en el viaje y en el cuerpo de quienes lo habían rodeado. La primera vuelta al mundo no fue una aventura perfecta. Fue dura, violenta, confusa y muchas veces desesperada.
Pero precisamente por eso sigue siendo tan importante. Porque no habla sólo de barcos y mapas. Habla también de ambición, de miedo, de liderazgo, de errores y de supervivencia. Y de ese momento en el que la humanidad comprendió que el planeta no era una suma de caminos separados, sino un espacio conectado.
Un mundo entero y un mundo que por primera vez alguien había conseguido rodear. Espero como siempre que este episodio os haya gustado y que hayáis aprendido. He dado mucha información a lo largo de este episodio, así que no añadiré mucho más ahora.
Quizás te estés preguntando por qué decidí hablar de la historia de Fernando de Magallanes antes que la historia de Cristóbal Colón. Y lo único que te podría decir es que la historia de Cristóbal Colón es ya muy famosa. Todo el mundo sabe quién es Cristóbal Colón y qué consiguió.
Esto no significa que no vamos a hablar de Cristóbal Colón en este podcast y que no dedicaré ningún episodio. Estoy seguro de que quizás no conocías a Fernando de Magallanes o a Juan Sebastián Elcano. Y para mí esta es una historia tan emocionante o incluso más emocionante que la de Cristóbal Colón.
Quiero recordar también que en la descripción de este episodio tendréis acceso a la transcripción de manera completamente gratuita. Y también estos días he estado trabajando en algo que posiblemente esté listo en unas semanas. Seguiré informando en cada episodio, pero creo que es algo que si te gusta este podcast, entonces te encantará.
Dicho esto, yo me despido y nos veremos muy pronto la semana que viene.