Episodio 27
Alfonso X: mi rey favorito
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Bienvenidos todos a un nuevo episodio. Espero que todo esté yendo genial, espero que vuestro aprendizaje de español avance cada día. Hoy traigo una historia que me encanta, más concretamente la historia de un monarca que me encanta.
Monarca es otra forma de decir rey o reina. Se trata de uno de los reyes más importantes en toda la historia de España y es un rey que muchas veces pasamos por alto o muchas veces ignoramos. Es uno de los reyes más conocidos en la historia de España, pero creo que no se le da toda la importancia que debería.
Ahora, no te preocupes porque este episodio no será difícil de entender. No va a haber datos difíciles ni historia complicada a lo largo del episodio. En otras palabras, he preparado un episodio perfecto para que aprendas español y te prometo que al llegar al final habrás comprendido por qué Alfonso X fue tan importante para España y también para los idiomas.
Así que, vamos a ello.
Para empezar y poder comprender todo correctamente, quiero que imaginemos por un momento una habitación de Toledo en el siglo XIII. Imagina una mesa sobre la que hay varios manuscritos. Uno de ellos está escrito en árabe.
Un sabio judío lee el texto y explica su significado en castellano. Cerca de él, otro colaborador ordena las ideas y prepara una nueva versión. Quizás trabajan sobre astronomía, medicina o el movimiento de los planetas. No existía la imprenta y cada copia debía escribirse a mano.
Detrás de aquel trabajo se encuentra el proyecto de un rey, Alfonso X de Castilla y León, conocido como Alfonso X el Sabio. Pero, ¿quién fue realmente este rey? ¿Fue un gran gobernante, un intelectual entre libros o un hombre demasiado ambicioso?
Y la respuesta, evidentemente, no es sencilla, porque su reinado tuvo dos caras. En la política sufrió graves derrotas y conflictos, pero en la cultura, el derecho y la ciencia dejó una herencia extraordinaria. Alfonso nació en Burgos en 1221.
Era hijo de Fernando III, el rey que había unido las coronas de Castilla y León, y Beatriz de Suabia, una princesa de origen alemán. Este origen alemán sería muy importante en los siguientes años, cuando intentó conseguir la corona imperial. Su padre, Fernando III, había conquistado grandes ciudades musulmanas como Córdoba y Sevilla.
Recuerda que este rey reinó durante el período de la Reconquista. Es decir, mientras Alfonso X estaba en el trono, todavía existían territorios en la península ibérica controlados por los árabes. El joven Alfonso participó en algunas de estas campañas antes de llegar a ser rey y, por eso, cuando heredó la corona en 1252, recibió un territorio mucho más grande que el de sus antepasados.
A primera vista, aquella herencia parecía una gran ventaja. Castilla y León era ya la principal potencia cristiana de la península, pero gobernar ese enorme territorio era muy difícil. Había ciudades con leyes diferentes, nobles que defendían sus privilegios y regiones recién conquistadas donde vivían cristianos, musulmanes y judíos.
Alfonso no sólo tenía que proteger sus fronteras, sino que también debía organizar un reino que había crecido muy rápido. Y aquí es donde aparece una de las grandes ideas de su reinado. Alfonso quería construir una monarquía más ordenada y con más autoridad.
Para conseguirlo, promovió nuevas leyes. En muchos lugares existían fueros, es decir, normas y privilegios propios de cada ciudad, y el rey quería crear un sistema más común para todo el reino y reducir estas diferencias. De este proyecto nacieron varias obras, sobre todo las Siete Partidas.
Esta obra trataba temas muy diversos: el poder de la ley, la religión, los juicios, el matrimonio, las herencias y los delitos. No era sólo una lista de prohibiciones, sino que también explicaba cómo debía comportarse un buen gobernante y cuál era la relación entre el rey y su pueblo.
El objetivo de Alfonso era dar más unidad al reino y presentar al rey como la principal fuente de justicia. Sin embargo, muchas de sus normas no pudieron aplicarse del todo durante su vida. Los nobles y las ciudades temían perder sus costumbres y su libertad.
Toda su obra sería mucho más importante después de su muerte. Esto muestra algo constante en Alfonso X. Muchas de sus ideas miraban al futuro, pero chocaban con la realidad de su época.
El rey quería unir, ordenar y modernizar sus territorios, pero cada cambio encontraba resistencia. Los grandes nobles no querían un rey demasiado poderoso y las ciudades defendían sus derechos tradicionales.
Su reinado también tuvo problemas militares.
En 1264 estalló una gran rebelión de la población musulmana en Andalucía y Murcia. Alfonso necesitó la ayuda de Jaime I de Aragón, su suegro, para recuperar Murcia. Además, el reino debía vigilar la frontera con Granada y defenderse de los ataques del norte de África.
Estas guerras eran caras y exigían cada vez más impuestos. La economía del reino se convirtió en una fuente de tensión. Mantener el ejército, la corte y los proyectos del rey costaba mucho dinero y, por eso, Alfonso subió los impuestos que le pagaba la gente.
También cambió las monedas, lo que provocó desconfianza y malestar. Mientras intentaba organizar su reino, Alfonso empezó otro proyecto aún más ambicioso. Por su familia alemana, quiso ser el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
Y desde los años 1250 aproximadamente, Alfonso dedicó grandes esfuerzos y mucho dinero a conseguir apoyos entre los príncipes europeos. Esto fue una larga disputa que nunca consiguió ganar. No viajó a Alemania para imponer su autoridad y tampoco recibió el apoyo del papa.
Cuanto más se preocupaba por la corona imperial, mayor era el descontento en Castilla. Muchos nobles y ciudadanos se preguntaban por qué debían pagar una aventura tan lejana, algo que no daba beneficios claros. Y finalmente, en el año 1275, después de reunirse con el papa, Alfonso finalmente abandonó este proyecto.
Ese mismo año sufrió un golpe aún más doloroso. Su hijo mayor y su heredero, Fernando de la Cerda, murió de forma inesperada. Entonces, aquí se abrió un problema de sucesión, que es algo muy común en toda la historia de España o de cualquier reino europeo.
Por un lado, estaban los hijos pequeños de Fernando. Por otro, el segundo hijo del rey, Sancho, que tenía experiencia militar y muchos seguidores. Esta disputa dividió a la familia real y al reino.
Sancho aprovechó el cansancio por los impuestos y las guerras para reunir a los descontentos. Y en el 1282, gran parte de la nobleza y muchas ciudades se rebelaron contra Alfonso. El viejo rey quedó aislado en Sevilla con muy poca autoridad y finalmente murió en 1284, y Sancho ocupó el trono como Sancho IV.
Si terminamos aquí la historia de Alfonso X, parecería un rey derrotado. No consiguió ser emperador, tuvo muchísimos problemas económicos, sufrió varias rebeliones y acabó luchando contra su propio hijo. Pero mientras todo esto pasaba, se estaba desarrollando uno de los proyectos culturales más importantes, por no decir el más importante, de la Europa medieval.
Alfonso creía que el conocimiento era una herramienta de gobierno. Un reino fuerte no sólo necesitaba soldados y castillos. También necesitaba leyes, libros de historia, estudios científicos y una lengua capaz de expresar ideas complejas.
Por eso reunió a traductores, abogados, astrónomos, poetas, músicos y otros expertos de orígenes muy diferentes, es decir, de distintas partes del mundo o de la península. Es importante aclarar que Alfonso no escribió personalmente todos los libros que llevan su nombre.
La mayoría fueron obras de equipo: los expertos preparaban los textos, el rey elegía los temas, pagaba el trabajo y revisaba el resultado. Su papel era más parecido al de un director que coordina un gran equipo o una gran orquesta.
Los libros lo presentaban como autor, aunque detrás trabajaban muchos cristianos y también judíos. Una parte esencial de este proyecto estaba en Toledo. Desde el siglo XII la ciudad atraía a sabios interesados en los libros árabes.
Muchas obras de la antigua Grecia se habían perdido en gran parte de Europa, pero se habían conservado y estudiado en el mundo islámico. En Toledo algunos expertos traducían los textos del árabe a una lengua romance y después al latín.
La llamada Escuela de Traductores de Toledo no era una escuela como las de hoy. No había un edificio con profesores, alumnos y horarios. Era más bien una tradición de colaboración entre personas que hablaban lenguas diferentes.
Y con Alfonso esta actividad recibió un nuevo impulso. La gran novedad fue el uso del castellano. Antes muchas traducciones terminaban en latín, ya que el latín era la lengua que se usaba de manera culta en la Europa cristiana.
Alfonso quería que buena parte del conocimiento estuviera disponible en castellano. Así, esta lengua tuvo que adaptarse. Tuvo que crear palabras científicas y construir frases capaces de explicar ideas de astronomía, derecho o historia.
En otras palabras, podríamos incluso decir que parte del español que hablamos hoy en día viene de Alfonso, ya que él fue de los primeros en empezar a formular oraciones y gramática compleja para explicar todos esos temas. Traducir no era sólo cambiar una palabra árabe por otra castellana. Había que comprender el texto y encontrar una forma clara de transmitirlo.
Los sabios judíos tradujeron sobre todo desde el árabe, mientras los cristianos ayudaban a ordenar y revisar las obras. Esto no significa que la sociedad medieval fuera siempre pacífica. Existían discriminaciones y conflictos religiosos.
Pero en estos talleres las personas de distintas tradiciones trabajaban juntas alrededor de un manuscrito.
Uno de los campos que más le interesaba era la astronomía. Sus colaboradores observaron el cielo y prepararon las llamadas tablas alfonsíes, que permitían calcular la posición del sol, la luna y los planetas.
También se hicieron los Libros del saber de astronomía, que describían los instrumentos y los conocimientos de la época. El proyecto también se ocupó de la historia. La Estoria de España contaba el pasado de la península desde los tiempos antiguos.
Este es el nombre que tenía. La Grande e general estoria era aún más ambiciosa. Quería narrar la historia del mundo conocido y, para ello, los colaboradores usaron textos latinos, relatos bíblicos y fuentes árabes.
Alfonso entendía que controlar el relato del pasado ayudaba a justificar el poder del presente. Si la historia de los antiguos reyes terminaba en la monarquía castellana, su autoridad parecía algo natural y lógico. Y por esto aquellas crónicas no eran sólo cultura, también eran hasta cierto punto herramientas políticas.
Queda también otra parte sorprendente de su legado, las Cantigas de Santa María. Son más de 400 canciones dedicadas a la Virgen escritas en gallego-portugués, una lengua muy usada entonces para la poesía.
Y justo de esta lengua salieron dos idiomas: el portugués que todos conocemos, que se habla en Portugal, Brasil y en algunas partes de África. Y también el gallego, que es un idioma con menos hablantes, que se habla en el noroeste de la península ibérica, justamente en Galicia, de donde yo soy.
El gallego es un idioma que, para explicarlo sencillamente, está entre el portugués y el español. Mis profesores del instituto me matarían por decir esto, ya que el gallego tiene sus propias características.
Pero digamos que para el que no conoce el gallego, el que no habla gallego, es como una mezcla de portugués y español. De hecho, a las personas que hablamos gallego nos resulta muy fácil comprender a las personas que hablan portugués.
Volviendo a nuestro tema, muchas de estas cantigas escritas en gallego-portugués cuentan milagros y pequeñas historias de personas a las que la Virgen ayuda. Sus libros contienen música y bellas ilustraciones que muestran instrumentos, ropa, edificios y escenas de la vida medieval.
¿Por qué recordamos, entonces, a Alfonso? Pues no porque fuera el rey más victorioso de su tiempo, ni porque todos sus proyectos políticos tuvieran éxito. Lo recordamos porque convirtió la creación de conocimiento en una tarea central de la monarquía.
Gracias a él, el castellano creció como lengua del derecho, de la ciencia y de la historia. Sus equipos unieron conocimientos del mundo árabe, judío, cristiano y clásico.
Las Siete Partidas influyeron en las leyes durante siglos, las obras astronómicas circularon por Europa y las cantigas siguen siendo una fuente excepcional para conocer la música y la sociedad medieval de aquella época.
La paradoja de Alfonso es que su reinado político terminó en crisis, pero su proyecto cultural sobrevivió. Perdió parte de su poder y murió enfrentado a su heredero. Pero, sin embargo, los libros que impulsó se siguieron copiando, estudiando y transformando.
Alfonso tenía un apodo, lo llamaron El Sabio, pero quizás no lo llamaron así porque conocía todas las respuestas. Sino porque comprendió el valor de reunir conocimientos, traducirlos y compartirlos. Su mayor conquista no fue una ciudad ni un territorio.
Fue crear un espacio donde diferentes lenguas y tradiciones podían encontrarse para producir algo nuevo. Y si imaginamos otra vez aquella mesa de Toledo, con un manuscrito árabe abierto y varias personas buscando la palabra castellana más adecuada, entendemos por qué aquel trabajo fue tan importante.
No estaban traduciendo sólo un libro, estaban construyendo una lengua, transmitiendo siglos de conocimiento y preparando una parte del futuro cultural de Europa. Y gracias a eso quizás estoy yo aquí contándote esta historia en este podcast.
Sin duda alguna este ha sido uno de mis episodios favoritos y uno de los episodios que más he disfrutado creando. Yo me considero un apasionado de la historia.
Alguien apasionado es alguien a quien le encanta o le gusta mucho algo en concreto. Y a mí me encanta la historia y aprender idiomas, porque hasta cierto punto siempre digo que va relacionado. Entonces, como me gusta tanto la historia, no me cuesta nada preparar estos episodios.
De hecho, disfruto bastante haciéndolo. Y espero que tú también hayas disfrutado escuchando este episodio y estoy seguro de que habrás aprendido. A pesar de que me encanta crear estos episodios, le dedico mucho tiempo, muchos recursos y mucho esfuerzo.
Así que, si te gusta mi podcast y me quieres ayudar de manera completamente gratuita, te recuerdo que puedes dejar una review o una reseña de 5 estrellas en cualquiera de las plataformas desde las que me estés escuchando.
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