Episodio 28
La historia de la traducción
Transcripción completa · 2.294 palabras · unos 15 min de audio
Hola a todos y a todas y bienvenidos a un nuevo episodio del podcast.
Hoy vamos a continuar un poco en la línea del episodio de la semana pasada. ¿Qué quiero decir con esto? Como la semana pasada hablamos de Alfonso X, he pensado que por qué no hablar un poco sobre la historia de la traducción en el episodio de hoy.
Para un podcast enfocado al aprendizaje de español, en este caso, esta idea es maravillosa, ya que la traducción tuvo un papel importantísimo en la historia y, cómo no, también en el aprendizaje de idiomas.
Yo mismo estudié traducción e interpretación. Justo este año completé mis estudios, es decir, me gradué en el grado de traducción e interpretación, así que creo que podré hablar bastante bien sobre el tema.
Además, veremos cómo España tuvo mucho que ver, es decir, cómo jugó un papel muy importante en la historia de la traducción.
Como siempre, vamos a tener que imaginar un poco, ya que vamos a volver al pasado.
Entonces quiero que imaginemos una biblioteca antigua y, en una mesa, hay un manuscrito escrito en una lengua que casi nadie comprende. El texto contiene ideas sobre medicina, astronomía y matemáticas. El conocimiento está ahí, pero no puede viajar, ya que nadie puede comprenderlo.
Necesitamos a alguien que sea capaz de transmitir este conocimiento desde una lengua a otra. Entonces llega alguien capaz de leer esta lengua y comienza a escribir el contenido en otra. Poco a poco, las ideas entran en una nueva cultura, otros lectores pueden estudiarlas, discutirlas y mejorarlas.
Y este acto, precisamente, de cambiar un texto de una lengua a otra puede transformar la historia por completo. La traducción suele parecer una actividad silenciosa. No pensamos en ella en el día a día y, ni siquiera cuando leemos un libro, vemos una serie o utilizamos un manual escrito originalmente en otro idioma, recordamos el trabajo que hay detrás.
Muchas veces no pensamos en la persona que hizo posible esa lectura. Sin embargo, durante siglos los traductores han sido esenciales para conservar los conocimientos, extender religiones, desarrollar lenguas y conectar sociedades diferentes.
La historia de la traducción es también la historia del viaje de las ideas. Desde las primeras civilizaciones, los seres humanos necesitaron traducir textos. Los grandes imperios gobernaban territorios donde se hablaban lenguas distintas.
Era necesario traducir leyes, órdenes, tratados y documentos comerciales. Uno de los ejemplos más antiguos fue un tratado de paz entre dos pueblos. Estos pueblos eran los egipcios y los hititas.
Evidentemente, no tienes que conocer estos pueblos, ya que se trata de un ejemplo. El caso es que cada pueblo conservó una versión del acuerdo en su propia lengua. La traducción permitía que las dos partes comprendieran las condiciones y que aceptaran oficialmente el mismo tratado.
Pero traducir no consiste simplemente en sustituir una palabra por otra. Las lenguas no organizaban la realidad de la misma manera. Una expresión puede tener un sentido religioso, político o cultural que no existe exactamente en otra lengua.
Entonces el traductor debe buscar una solución que mantenga el significado y, al mismo tiempo, resulte clara. Esta dificultad se hizo especialmente importante con los textos religiosos. Hacia el siglo III antes de nuestra era, una parte de la Biblia hebrea comenzó a traducirse al griego.
Muchos judíos vivían entonces en lugares donde el griego era una lengua habitual, pero ya no comprendían bien el hebreo. Entonces la traducción les permitía acceder a sus propios textos. Más tarde, la Biblia fue traducida al latín y, con el tiempo, a numerosas lenguas europeas.
Cada nueva traducción ampliaba el número de lectores, pero también producía debates. ¿Debía mantenerse la estructura del texto original? ¿Era mejor adaptar las frases para que resultaran naturales? ¿O qué ocurría cuando una palabra tenía varios significados?
Y aquí surgió la ciencia de la traducción, ya que estas preguntas siguen existiendo hoy. Todo traductor debe decidir hasta qué punto permanece cerca del texto original y hasta qué punto se acerca al nuevo lector. Este fue uno de los mayores dolores de cabeza a lo largo de la carrera.
La traducción también fue fundamental para la ciencia y la filosofía. A partir del siglo VIII, Bagdad, que hoy en día es la capital de Irak, se convirtió en uno de los principales centros intelectuales del mundo.
Allí se tradujeron al árabe numerosas obras griegas sobre medicina, matemáticas, astronomía o filosofía, por ejemplo. Sin embargo, los sabios de Bagdad no se limitaron a copiar esos textos. Los estudiaron, escribieron comentarios y desarrollaron nuevas ideas.
La traducción fue el comienzo de un proceso creativo. Un conocimiento nacido en una cultura entraba en otra y adquiría una nueva vida. Podemos imaginar el recorrido de uno de esos libros.
Esto es algo en lo que yo personalmente pienso mucho. Primero se escribían en griego, después se traducían al árabe, un científico lo estudiaba y añadía sus propias observaciones, y años más tarde el texto llegaba a otro territorio y volvía a traducirse.
En este largo viaje, la península ibérica tuvo un lugar fundamental.
Durante la Edad Media, en la península convivieron comunidades cristianas, musulmanas y judías. Esto lo vimos en el episodio de la semana pasada más en profundidad.
También se utilizaron varias lenguas, como es evidente: el árabe, hebreo, latín y diferentes lenguas romances. Esta convivencia no fue siempre pacífica, evidentemente, pero creó espacios de contacto entre tradiciones culturales diferentes.
Y uno de los centros más importantes de este intercambio fue Toledo. Después de que la ciudad pasara al control cristiano en el siglo XI, Toledo conservó numerosos manuscritos árabes y una población que conocía varias lenguas.
Durante los siglos XII y XIII, traductores de diferentes lugares llegaron a la ciudad para trabajar con estos textos. Este movimiento es conocido como la Escuela de Traductores de Toledo.
El nombre puede hacernos imaginar una escuela moderna con un edificio y profesores, pero, como vimos en el episodio anterior, era más bien un conjunto de proyectos y colaboradores que trabajaban en distintos momentos.
A veces, la traducción se realizaba en varias etapas. Una persona conocía el árabe y explicaba el contenido en una lengua romance. Después, otra persona preparaba la versión escrita en latín y, en otros casos, los traductores trabajaban directamente entre dos lenguas.
Gracias a esta actividad, numerosas obras científicas y filosóficas llegaron a los lectores de la Europa cristiana. Algunos textos procedían originalmente del griego, habían sido traducidos y comentados en árabe y finalmente llegaron al latín.
Así, Toledo se convirtió en un puente entre tradiciones intelectuales diferentes. En el siglo XIII, Alfonso X el Sabio impulsó todavía más esta actividad. Como vimos en el episodio anterior, promovió proyectos relacionados con la historia, el derecho, la ciencia y la literatura.
En muchos de ellos, la traducción ocupó un lugar central. Durante su reinado, el castellano comenzó a utilizarse con mayor frecuencia como la lengua de cultura y conocimiento.
Hasta entonces, el latín dominaba gran parte de la producción intelectual en la Europa cristiana, es decir, la mayor parte de los textos, manuales o instrucciones estaban escritos en latín. Pero, sin embargo, los equipos de Alfonso X tradujeron y escribieron obras científicas e históricas en castellano.
Este cambio tuvo una importancia enorme. Para explicar astronomía, leyes o filosofía en castellano, era necesario crear vocabulario y desarrollar nuevas formas de expresión.
Algunas palabras se tomaron del árabe, otras se adoptaron del latín y también se utilizaron términos que ya existían, pero con significados más precisos. De este modo, la traducción ayudó a construir una lengua capaz de expresar conocimientos complejos.
En otras palabras, una buena parte del español que conocemos a día de hoy, o del español que se habla a día de hoy, quizás venga de esa época, quizás venga de la Escuela de Traductores de Toledo, buscando nuevas maneras o nuevas palabras para explicar una nueva idea.
España no fue solamente un lugar por el que pasaron los textos, fue también un espacio donde las lenguas se transformaron y diferentes tradiciones participaron en la creación de nuevas obras.
Ahora entramos en otra parte muy importante, porque la traducción no siempre fue una actividad libre.
Durante mucho tiempo, traducir determinados textos podía ser peligroso. Las autoridades sabían que una traducción permitía que más personas accedieran a nuevas ideas o a ideas que antes estaban reservadas sólo para una minoría.
La traducción de la Biblia a lenguas comunes, por ejemplo, produjo conflictos en Europa. Algunas instituciones defendían que el texto debía permanecer en latín. Otras personas pensaban que cada creyente debía poder leerlo en su propia lengua.
Con la aparición de la imprenta en el siglo XV, la situación cambió profundamente. Los libros podían producirse con mayor rapidez y llegar a más lectores.
Las traducciones dejaron de circular solamente en copias manuscritas y comenzaron a publicarse en grandes cantidades. Las ideas viajaban mucho más rápido que antes y, durante el Renacimiento, los traductores ayudaron a recuperar obras de la antigüedad y a difundir nuevos conocimientos.
También aumentaron las traducciones literarias. Los lectores comenzaron a conocer historias, poemas y obras teatrales que procedían de otros países y que antes eran completamente desconocidas.
Sin la traducción, la literatura universal sería muchísimo más pequeña, ya que la mayoría de nosotros no podemos leer una novela rusa, un poema japonés o una obra escrita en árabe en su lengua original. Dependemos del trabajo de alguien que ha reconstruido ese texto en nuestra lengua.
Con la literatura aparecieron grandes dificultades en la traducción. ¿Cómo se traduce una broma que sólo funciona en un idioma? ¿Qué hacemos con una palabra que tiene dos sentidos? ¿Es posible conservar el ritmo de un poema sin cambiar su significado?
Y os puedo decir que no existe una respuesta perfecta. Cada traducción es el resultado de muchas decisiones. Dos traductores pueden trabajar con la misma obra y producir versiones completamente diferentes.
Uno puede mantenerse muy cerca de la estructura original y otro puede, por ejemplo, buscar un lenguaje más natural para el nuevo lector. Esto no significa necesariamente que una versión sea correcta y la otra incorrecta.
A veces, cada una muestra un aspecto diferente del texto. Y también debemos recordar que traducir nunca es una actividad completamente neutral. La persona que traduce elige palabras, interpreta frases y decide qué información necesita explicar.
Además, las sociedades seleccionan qué obras desean traducir. Cuando una cultura traduce muchos libros de otra, muestra interés por sus ideas. Cuando ciertos textos no se traducen, pueden permanecer invisibles durante generaciones.
En los siglos XIX y XX, el crecimiento de la prensa, la educación y la industria editorial aumentó todavía más la necesidad de las traducciones. Se tradujeron novelas, noticias, textos científicos, manuales y documentos políticos.
Hoy en día, la traducción aparece en casi todos los aspectos de nuestra vida, aunque no lo creamos. Está presente en las películas, en los programas informáticos, los envases de los productos, los artículos científicos y las páginas de internet.
Muchas veces es invisible, pero está ahí. De hecho, yo diría que a día de hoy es imposible pasar un día entero sin leer un texto que no haya sido traducido.
Durante las últimas décadas también se ha desarrollado rápidamente la traducción automática. Podemos escribir una frase en el teléfono y obtener una versión en otra lengua en pocos segundos.
Estas herramientas son útiles para comprender mensajes sencillos o para orientarnos en una situación cotidiana. Pero, como todos sabemos, la lengua humana está llena de dobles sentidos, referencias culturales y emociones.
ChatGPT puede producir resultados sorprendentes, pero todavía puede cometer errores cuando falta contexto. Una palabra aislada puede tener varios significados. Una frase aparentemente sencilla puede ser irónica.
Una expresión habitual en un país puede resultar extraña en otro. El traductor humano no observa solamente las palabras, también piensa en la intención, el público y la situación.
La tecnología, sin duda, seguirá cambiando la forma de traducir. Muchas tareas serán cada vez más rápidas y se realizarán con ayuda de programas inteligentes, pero la necesidad de comprender culturas diferentes no desaparecerá nunca.
Entonces, volvamos ahora a aquella biblioteca del principio. Ese manuscrito sigue sobre la mesa, pero ya no está cerrado para todos. Alguien ha trabajado para trasladar sus ideas a otra lengua.
Y gracias a este trabajo, un médico puede conocer un tratamiento desarrollado en otro país. Un científico puede continuar una investigación iniciada siglos antes. Y un lector puede emocionarse con una historia escrita en un lugar lejano.
Espero, como siempre, que este episodio te haya gustado y que hayas aprendido algo nuevo. Si te interesa saber más sobre esta historia y sobre un personaje importantísimo en la historia de la traducción, te recomiendo que escuches el episodio de la semana pasada sobre Alfonso X si aún no lo has escuchado.
Sé que este episodio puede ser un poco más difícil de comprender. Me he esforzado en hablar despacio y en hablar claramente, pero, al fin y al cabo, no estamos hablando sobre algo sencillo como, por ejemplo, la historia de Cristóbal Colón o la Reconquista.
Aunque son temas con muchos datos, son más conocidos y resulta más fácil hablar de ellos. Así que, si te ha costado entender algunas partes, te recomiendo que escuches de nuevo el episodio, pero esta vez leyendo la transcripción.
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Esto al algoritmo le encanta y me ayudarías un montón. Ahora sí, creo que he hablado suficiente por hoy, así que yo me despido y nos veremos el próximo domingo, como siempre.