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Spanish Lore

Episodio 41

El calendario español

Transcripción completa · 2.529 palabras · unos 17 min de audio

Hay un objeto que está colgado en casi todas las cocinas de España. Es un calendario de papel, con una hoja por mes, normalmente viene incluido con la compra del supermercado, un poco antes o un poco después de que empiece el año nuevo o regalado por una tienda del barrio o por una empresa local. Y si te acercas a mirarlo, verás que hay algunos números que están escritos en rojo. Los días en rojo son los días festivos, los días en que no se trabaja.

Ahora imagina que eres extranjero y que te pones delante de ese calendario a intentar entenderlo. Evidentemente vas a tener problemas, te va a costar y es normal ya que a los propios españoles a día de hoy también nos cuesta. Porque vas a ver fiestas que en tu país no existen, vas a descubrir que hay días festivos que cambian según la ciudad en la que estés y vas a encontrarte con algo todavía más raro.

Un día que es fiesta en un pueblo y que en el pueblo de al lado, a diez kilómetros, es un martes normal, en el que todo el mundo va a trabajar. Hay una pregunta que dejamos abierta en el episodio anterior. Dijimos que las fiestas de los pueblos españoles son casi siempre en verano y dijimos que la razón no es el buen tiempo, aunque lo parezca.

Hoy precisamente vamos a responder a esto y a la pregunta más importante. ¿Quién decidió todo esto?


Empecemos por algo que cambia bastante la manera de ver el año. Durante la mayor parte de la historia de este país la gente no organizaba el tiempo con números.

Hoy parece normal decir el 24 de junio o el 15 de agosto, pero para eso hace falta saber leer, tener un calendario en casa y manejar los números con soltura. Y durante siglos la inmensa mayoría de los españoles no sabía leer ni escribir. Entonces, ¿cómo se organizaban? Y la respuesta es con santos.

Cada día del año se han asignado un santo. Esa lista completa, día por día, se llama el santoral. Y durante siglos el santoral fue el calendario real de la gente.

No se decía el 24 de junio, se decía por San Juan. No se decía a principios de noviembre, se decía por el Día de Todos los Santos. No se decía el 11 de noviembre, se decía por San Martín y así en muchos otros casos.

Y esto no era una manera de hablar. Era un sistema práctico y funcionaba porque todo el mundo lo conocía de memoria, aunque no supieran leer. Los santos se aprendían escuchando desde que uno era pequeño o desde que uno era niño.

Ahora viene lo importante. Porque debajo de aquellos nombres de santos había otra cosa completamente distinta. El santoral era, en realidad, un calendario de trabajo.

Piensa en cómo era la vida aquí hace 300 años. España era un país de campo. La mayoría de la gente vivía de la tierra o de los animales. Y en el campo hacer las cosas en el momento correcto no es un simple detalle. Puede ser la diferencia entre comer y no comer.

Hay que sembrar cuando toca, hay que segar cuando toca. Segar significa simplemente recoger lo que has sembrado anteriormente y también hay que matar al cerdo cuando hace frío, si no la carne podría estropearse. Y evidentemente, pues la manera de acordarse de cada una de estas cosas era uniéndolo a un santo. Por eso el español está lleno de refranes.

Un refrán es una frase corta y popular que guarda un consejo. Y estos refranes unen a un santo con una tarea del campo. Hay cientos de refranes que si por un santo se siembra, que si por otro se recoge o si por San Martín se mata el cerdo.

Y de aquí viene incluso una expresión que se sigue usando hoy en España y que no tiene nada que ver con el campo. Esta expresión dice a cada cerdo le llega su San Martín y significa que tarde o temprano a todo el mundo le llega el momento de pagar lo que ha hecho. Cuando alguien la usa hoy en una oficina, en una conversación cualquiera, está repitiendo sin saberlo un calendario agrícola de hace siglos.

Así que aquí está la primera idea grande del episodio. La iglesia puso los nombres del calendario, pero lo que había debajo, lo que de verdad organizaba el año, era el campo.


Pero hemos dejado una pregunta pendiente.

¿Por qué las fiestas españolas están donde están? Vamos a recorrer el año entero y vas a ver que encaja todo lo que hemos contado en esta serie. En invierno está la Navidad, los Reyes y el Carnaval. ¿Por qué tantas fiestas seguidas en los meses más fríos y oscuros?

Porque en invierno no hay trabajo en el campo, la tierra está parada, no se siembra, no se recoge y es el único momento del año en el que un pueblo entero puede permitirse estar tres días de fiesta sin que pase nada.

En marzo, por ejemplo, están las fallas, que ya conocemos, y encajan perfectamente. Llegan justo cuando termina el invierno, cuando los días se alargan y el campo empieza a despertar. Se quema lo viejo, se limpia y empieza otra vez el ciclo.

En junio, por ejemplo, tenemos la noche de San Juan, el 23 de junio. Es la noche más corta del año o, dicho de otra manera, el día más largo. En toda la costa española se encienden hogueras en la playa y la gente salta sobre el fuego.

También aquí el santo llegó después. Lo que se celebraba era el momento en el que el sol está más alto y eso se celebraba en Europa mucho antes de que existiera ningún santo. Vamos ahora con julio y agosto, porque aquí está la respuesta que buscábamos.

En julio y agosto se concentran muchísimas fiestas en España, entre ellas las más famosas como el San Fermín, la Tomatina y, sobre todo, las miles de fiestas patronales de los pueblos que vimos en el episodio anterior. La explicación fácil, como siempre decimos, es el buen tiempo. Y, vale, hasta cierto punto podemos decir que sí, pero no es el motivo principal.

La razón es que en julio y agosto la cosecha ya está recogida. Se ha trabajado todo el año, se ha sembrado, se ha cuidado, se ha segado y ahora, por fin, el grano está guardado. Hay comida, se sabe cuánto hay, el trabajo duro ha terminado y el siguiente ciclo todavía no ha empezado.

Por primera vez en 12 meses hay dos cosas a la vez, tiempo y comida. Y eso es exactamente lo que hace falta para una fiesta. Por eso las fiestas de verano en España son las más largas y las más abundantes.

No son fiestas de buen tiempo, son fiestas después del trabajo. El otoño, y en cierta medida el año, se cierra con todos los santos, el 1 de noviembre, cuando la gente va al cementerio a llevar flores a sus muertos. El campo se apaga, las hojas caen, los días se acortan, es el momento de recordar a los que no están.

Y luego vuelve el invierno y vuelve a empezar el ciclo. Así que esta es la idea central del episodio y quiero que quede muy clara. El calendario de fiestas español no lo diseñó nadie en concreto.

Ningún rey se sentó a repartir las fiestas por el año. Ninguna ley lo organizó. Lo diseñó el trabajo. Las fiestas fueron cayendo solas en los huecos que dejaba el campo.


Hasta ahora hemos hablado del pasado. Pero ¿cómo funciona el calendario español a día de hoy? Y hay una cosa que casi nadie le explica a un extranjero y que es muy útil saber.

Este sistema podemos decir que tiene tres capas. La primera son los festivos nacionales. Son los días de fiesta en toda España, de Galicia a Canarias.

El 1 de enero, el 1 de mayo, el 12 de octubre, el 25 de diciembre y algunos más. La segunda capa son los festivos autonómicos. Cada comunidad autónoma añade sus propios días.

Por ejemplo, Andalucía celebra el día de Andalucía el 28 de febrero. Asturias celebra el día de Asturias el 8 de septiembre. Ese día es fiesta en esa comunidad y sólo ahí.

Y la tercera capa son los festivos locales. Esta es la que le sorprende a todo el mundo. Cada municipio de España, es decir, cada ciudad y cada pueblo puede elegir dos días de fiesta al año.

Dos días que decide el ayuntamiento y que sólo afectan a ese lugar. ¿Y qué días eligen los pueblos? Pues, si has prestado atención a estos últimos episodios, exactamente. Los días de su fiesta patronal, los días del patrón de cada pueblo.

Ahí está la respuesta a aquella rareza del principio. Por eso en España un día puede ser festivo en un pueblo y laborable, es decir, día de trabajo, en el pueblo de al lado. Porque cada uno ha elegido el día de su santo y cada pueblo tiene un santo distinto.

Sumando las tres capas, en España hay 14 días festivos al año en cada lugar. 12 entre nacionales y autonómicos más los dos que pone cada pueblo. Y de todo esto sale una palabra que te prometo que vas a necesitar si vienes a España.

Esta palabra es el puente. Esto es algo de lo que se habla todos los años y de lo que seguramente acabes escuchando en alguna conversación en España. Un puente ocurre cuando un día festivo cae en martes o en jueves.

Entonces la gente coge también lunes o viernes para unir este día festivo con el fin de semana y tener cuatro días seguidos. Se dice hacer puente y es muy común en todas las comunidades de España. Esto es algo que pasa de la misma manera en todo el territorio español.


Y ahora, antes de terminar, hay que responder con honestidad a algo que se dice mucho. Existe la idea, dentro y fuera del país, de que en España hay muchísimas más fiestas que en el resto de Europa y de que aquí no se trabaja nunca. Vamos a hacer algo curioso.

Vamos a mirar los números. Porque España tiene 14 días festivos al año, Italia tiene 12, Portugal tiene 9, por ejemplo. Pero Bulgaria tiene 14, Croacia también tiene 14, Malta 14 y Chipre tiene 15, incluso uno más que España.

Es decir, España está arriba, indiscutiblemente, pero no es ninguna excepción porque hay países europeos con los mismos días o con alguno más. Entonces, ¿por qué esa fama? La diferencia no está en cuántas fiestas hay, sino en cómo se hacen.

Porque en muchos países un día festivo es un día en casa, un día de descanso en el que se está con la familia, se duerme o se ve la televisión. En España, no, bajo ningún concepto. En España la fiesta ocurre en la calle.

Sale el pueblo entero, se come en la plaza, se baila en la plaza, se ponen sillas en la acera, se queman cosas, se lanzan cosas, se corre delante de un toro como idiotas, hay música a las 4 de la mañana y hay niños despiertos a esa hora porque están con sus padres y sus abuelos.

Y eso se ve. Un extranjero que llega a España en agosto no cuenta los días festivos del calendario. Ve una plaza llena de gente a las 2 de la madrugada y se lleva la impresión de que aquí sólo hay fiesta.

Y en esto sí que es distinta España al resto de estos países, quizás porque no es en la cantidad sino en que la fiesta es pública, es para todo el mundo.


Piensa en cómo era la vida de una persona normal en España hace 200 o 300 años.

Un jornalero, que es alguien que trabaja la tierra de otro, era una persona que no tenía vacaciones, no existían, no tenía fin de semana como lo entendemos hoy, no tenía derecho a ponerse enferma, no tenía jubilación porque se trabajaba hasta que el cuerpo no daba más y luego cuidaban de ti tus hijos.

No tenía literalmente ningún día libre garantizado en todo el año, salvo 1 o 3 o 7, los de fiesta. El día del santo del pueblo era el día en que nadie trabajaba y era además el único día del año en el que esa persona comía carne, se ponía buena ropa, escuchaba música y bailaba.

Así que la fiesta no era un lujo, no era un capricho, ni la manera de perder el tiempo, ni la excusa para no trabajar. La fiesta era el descanso, era todo el descanso que existía.

Y yo creo que ahí está la explicación de por qué las fiestas españolas son como son, tan largas, tan ruidosas, tan exageradas, con tanta comida y con la noche entera por delante. Porque cuando tienes tres días al año no los desperdicias, los aprovechas evidentemente hasta el final.


Volvamos por última vez a aquel calendario colgado en la cocina, con sus números escritos en rojo. Ahora, esos días rojos ya no son días libres. Cada uno de ellos es el resto de algo.

Detrás de uno hay una cosecha que hoy recoge una máquina en dos días, detrás de otro hay un santo del que casi nadie se acuerda, detrás de otro hay un invierno sin trabajo, un cerdo que había que matar antes del frío o una hoguera encendida en la noche más corta del año. Son marcas antiguas, señales que dejó una manera de vivir que ya no existe.

Y por eso, al final, la frase que se oye tantas veces en este país está mal. España no tiene fiestas porque a la gente le guste la fiesta, que también, evidentemente. España tiene muchas fiestas porque durante siglos aquí se trabajó muchísimo.


Creo, sinceramente, que estos últimos episodios han quedado muy interesantes. He hablado sobre temas curiosos y, sobre todo, sobre temas que me gusta. Creo que se nota ya que he hablado muchísimo más desde la experiencia personal y desde lo que yo sé después de vivir todas estas cosas en mi propia piel.

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La semana que viene nos volveremos a ver y cambiaremos de tema por completo. Esta vez para hablar sobre una persona. Alguien que ya ha aparecido en este podcast, sobre todo, recientemente.

Si crees que has prestado suficiente atención, te animo a que dejes tus predicciones en los comentarios. Y ahora, sí que sí, nos veremos la semana que viene para descubrirlo.