Saltar al contenido
Spanish Lore

Episodio 31

Campeones

Transcripción completa · 1.797 palabras · unos 12 min de audio

Hoy vamos a viajar al pasado.

Imagínate que viajamos en el tiempo al verano de 2010. Nos encontramos en una tarde de julio como cualquier otra, conduciendo por una carretera de España. Realmente no importa, da igual cuál sea. Podría ser incluso aquella carretera del norte, la que va pegada al mar, esa misma de la que hablamos en el episodio anterior, pero podría ser cualquier otra.

Pero pasa algo raro. No hay nadie. Es una hora en la que debería haber coches, gente, ruido. Al fin y al cabo, estamos en el verano. Y, sin embargo, la carretera está vacía.

No pasa ningún otro coche, las gasolineras están vacías, las ventanas de las casas están abiertas, pero detrás de ellas no se ve a nadie, como si todo el país hubiera desaparecido a la vez o como si todos estuvieran en el mismo sitio. Bajas la ventanilla y no escuchas nada, solo el ruido del motor, y sientes el calor del verano. Y entonces, sucede algo.

De repente, sin aviso, desde todas las partes a la vez, se escucha un rugido, un grito enorme, como el de un animal gigante. Sale de las casas, de los bares, de los pueblos que creías que estaban vacíos. Sale de un balcón, y de otro, y de otro, y así continuamente. Sube desde el fondo de las calles un rugido que no viene de un sitio, sino que viene de todos.

Y tú estás en tu coche, en medio de la carretera vacía, y entiendes de golpe que no estabas solo, que nunca lo estuviste, y que detrás de cada una de esas ventanas había alguien conteniendo la respiración. Ese rugido tiene una fecha y tiene un lugar. La fecha es el 11 de julio de 2010.

Y el lugar está a más de 8.000 kilómetros de tu carretera. Estamos en Johannesburgo, en Sudáfrica. Y este rugido tiene, sobre todo, un nombre. Es el minuto 116 de la final de la Copa del Mundo. La final está empatada. Holanda y España llevan casi dos horas sin marcar.

Y entonces, un jugador bajito, callado, de un pequeño pueblo de Albacete, empuja el balón al fondo de la red. Andrés Iniesta.

Fragmento de audio

Ese es el rugido. La primera vez. La primera vez en toda su historia que España gana un mundial. Y por eso la gente grita así.

Porque hay gritos que solamente se dan una vez en la historia, ¿no? Bueno, eso es lo que creíamos. Hemos regresado al presente. Estamos en el verano de 2026, 16 años más tarde.

Y, de nuevo, es una tarde de julio. Es otra carretera, o quizás incluso la misma. Y otra vez aparece esta sensación extraña de que el país está vacío. Las gasolineras no tienen a nadie, las ventanas vuelven a estar abiertas y silenciosas, y han pasado 16 años.

Los niños que gritaban en 2010 ahora son los que conducen este coche por esta carretera. Y, sin embargo, la escena es exactamente la misma. El calor, el motor y la carretera sola.

Volvemos a bajar la ventanilla del coche y vuelve a suceder. Vuelve a aparecer ese rugido, idéntico, desde las mismas ventanas, los mismos balcones, los mismos pueblos, que de nuevo parecían dormidos, como si alguien hubiera pulsado un botón y 16 años no hubieran pasado. Pero esta vez, el lugar es otro.

Ya no estamos en África, estamos en América, en un estadio enorme en Nueva Jersey, muy cerca de Nueva York. El minuto es casi el mismo. No es el 116, es el 106. Otra vez la prórroga, el tiempo extra que se juega cuando el partido termina empatado.

Otra vez, casi dos horas de nervios. Y otra vez, al final, un jugador empuja el balón a la red. Y esta vez se llama Ferran Torres.

Fragmento de audio

Y España vuelve a ser campeona del mundo. La segunda vez, la segunda estrella. Dos veranos, dos carreteras vacías, dos rugidos idénticos separados por 16 años.

Y una pregunta que hoy quiero hacerte, la misma que me hago yo cada vez que recuerdo dónde estaba en cada uno de esos días. ¿Qué es exactamente eso que ruge? ¿Por qué un país entero, que discute por todo, se pone de acuerdo a la vez para gritar por 11 camisetas rojas? ¿Y cuándo exactamente el fútbol se volvió tan importante para nosotros?


La verdad es que no tenía pensado publicar este episodio, no porque no creyera que España ganaría el mundial, pero no tenía nada preparado, para ser sincero. Espero que mi voz ya vuelva a estar bien del todo, ya que después de celebrar el gol y la victoria me he quedado un poco afónico.

Hoy vamos a hablar de la gran victoria de España en el mundial. ¿Por qué significa tanto para los españoles? Y un poco mi experiencia personal de cómo he vivido esta final del mundo. Primero me gustaría empezar por aclarar una cosa.

Yo no soy una persona que siga el fútbol día a día. Con esto quiero decir que conozco los equipos, conozco los jugadores, pero no sigo la liga, la Champions, por ejemplo. Si hay un partido importante, como la final de la liga o como la final de la Champions, es muy posible que quede con mis amigos para verlo, pero no mucho más que eso, la verdad.

Ahora, cuando se juega la Eurocopa o el mundial, la experiencia cambia por completo. Creo que no es ninguna exageración decir que la Eurocopa y el mundial atraen a mucha más gente que el resto de torneos de fútbol. Y quiero pasar a hablar también de cómo se vive el mundial en España.

Aquí, cuando se juega el mundial, es como si España se multiplicara por diez. De repente, todo es más español, hay más vida en las calles, hay más fiesta, más terraceo, y realmente es una experiencia increíble que solo se da una vez cada mucho tiempo, como vimos anteriormente.

Si me estás escuchando desde algún país donde el fútbol tiene tanta o casi tanta importancia como en España, por ejemplo Francia, Portugal, Inglaterra, Brasil, que son países en los que el fútbol tiene una importancia enorme, entonces sabrás exactamente a qué me refiero.

Y si me escuchas desde un país donde el fútbol no es tan importante, no te preocupes, porque en realidad esto no va de fútbol, o no solo va de fútbol. Lo que intento explicarte es más bien un sentimiento. Es como una sensación rara y difícil de encontrar.

De un país entero, un país que casi siempre discute, que casi nunca se pone de acuerdo en nada, por ejemplo en el fútbol, de repente durante unas pocas semanas todo el mundo siente lo mismo, a la misma hora, delante de la misma pantalla. Y eso, desgraciadamente, en España no pasa tantas veces. Y por eso, cuando pasa, se nota tanto.

Porque, como te decía, yo no soy una persona que sigue mucho el fútbol. Y, aun así, cada cuatro años me descubro a mí mismo celebrando un gol con todos mis amigos, abrazando a gente que casi no conozco, saliendo a la calle sin ningún plan, solo porque el cuerpo te pide estar fuera, con los demás. Y realmente no lo decido yo. Es como si me arrastrara.

Volvamos a 2010 por un momento. Cuando España ganó el Mundial yo tenía solo cinco años. Así que, como comprenderás, no me acuerdo de muchas cosas. Realmente apenas me acuerdo de nada. Tengo un vago recuerdo. Cuando tienes un vago recuerdo es que te acuerdas de algo, pero muy poco.

Entonces, tengo un vago recuerdo de cuando España marcó ese gol en el minuto 116. Salí a gritar y a celebrar al balcón de mi casa casi sin entender lo que estaba pasando realmente. Pero todo el mundo estaba contento y todo el mundo celebraba.

Ahora mismo tengo ya 21 años, entonces creo que de este Mundial ya me voy a acordar un poco más y creo que lo recordaré toda mi vida. Sobre todo, la experiencia de celebrarlo en medio de la ciudad, con todo el mundo delante de una pantalla enorme.


Como dije anteriormente, no tenía pensado realmente crear este episodio. He escrito un par de notas, ya que normalmente, cuando grabo los episodios, suelo tener un pequeño script o unas pequeñas anotaciones de un par de ideas de las que quiero hablar en el episodio para no olvidarme de ellas.

Hoy es todo lo contrario. Esa introducción característica que creé sí que es cierto que la preparé un poco antes de empezar a grabar el episodio, pero el resto que os he contado ha sido un poco improvisación. Realmente tenía ganas de encender el micrófono y contar un poco cómo se vive el fútbol aquí en España.

Al ser un episodio extra, entre comillas, no tengo mucho que decir, pero sí hay dos cosas que quiero añadir. Primero, estoy recuperando mi voz actualmente, ya que me había quedado afónico después de celebrar los goles, ya que aquí en España celebramos tres goles.

El primer gol, que fue anulado, igualmente, en el momento en el que se marcó ese gol, toda España gritó. Todos celebramos, todos saltamos y gritamos. Ese gol, finalmente, fue anulado y, cuando ya Ferran Torres anotó el primer gol válido del partido, España rugió incluso más fuerte que después del primer gol.

Como te puedes imaginar, ahí volvimos a saltar y a gritar todos y mi voz empeoró incluso más. Pero luego apareció el tercer gol.

Este tercer gol fue anulado también, esta vez por fuera de juego, pero en el momento en el que se marca, con los nervios y con toda la adrenalina del partido, todo el mundo pensó que era un gol válido. Entonces todos saltamos, celebramos, gritamos, como los dos anteriores goles, hasta que, por desgracia, se anuló.

Así que ya te puedes imaginar cómo quedó mi voz y cómo quedó mi garganta después de todo esto.

Y el segundo motivo es que no sabía bien cómo estructurar este episodio, como dije anteriormente, si hacerlo un episodio extra y publicarlo en el medio de la semana o mantener la serie como siempre y publicarlo los domingos.

Entonces decidí que crearía un episodio extra para poder seguir con la serie y con el episodio que toca este domingo. Así que, dicho esto, no tengo mucho más que añadir.

Espero que os haya gustado este episodio extra y siento haber sido tan breve, pero realmente esto no es un podcast sobre fútbol, así que tampoco puedo pararme en cada detalle y analizar a todos los jugadores.

Así que nos veremos muy pronto, este mismo domingo, para continuar con el tema del que hablamos la semana pasada, con algo muy interesante y estoy seguro que os encantará.