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Spanish Lore
Portada del episodio 33: Una lengua única en España

Episodio 33

Una lengua única en España

Transcripción completa · 2.300 palabras · unos 15 min de audio

Hola a todos y a todas y bienvenidos a este último episodio de esta serie. Estas últimas semanas hemos hablado de los idiomas que se hablan en España. De hecho, hemos dedicado dos episodios para poder cubrirlos todos en detalle.

Y si no los has escuchado, te recomiendo encarecidamente que les eches un vistazo. Para finalizar esta serie de episodios, he decidido profundizar en la historia y las costumbres de la gente que habla una de las lenguas más curiosas de España.

Quiero aclarar también que todas las lenguas que se hablan en España tienen una historia y unas tradiciones impresionantes. La lengua de la que vamos a hablar hoy no es mejor que el catalán, que el gallego o que el español incluso, pero sí tiene algo que la hace completamente diferente al resto.

Y eso es lo que vamos a descubrir a continuación.


Volvamos una última vez a aquella carretera del norte. Estamos en el País Vasco. A la derecha vemos montañas verdes y a la izquierda vemos el mar.

Y delante otra vez está ese cartel que conocemos, con esa palabra que ni siquiera sé si estoy pronunciando bien. Irteera. Pero hoy no vamos a pasar de largo. Hoy paramos el coche, nos bajamos y nos quedamos aquí.

Porque esta palabra no se parece a nada. No se parece al castellano, ni al gallego, ni al catalán, ni al francés. Y no es que se parezca poco, es que no se parece en nada.

Y aquí está la paradoja de hoy. Es la lengua más antigua de Europa occidental, la que estaba aquí antes de todas las demás, y es la única de la que no sabemos absolutamente nada de su origen. De todas las lenguas de nuestro alrededor podemos decir quiénes fueron sus padres, pero de ésta no.

Hoy vamos a intentar responder las tres preguntas que todo el mundo se hace hoy sobre esta lengua, el euskera. ¿Dónde se habla? ¿De dónde viene? ¿Y cómo consiguió llegar hasta hoy?

Así que empecemos por el mapa, porque tiene una sorpresa. Si pides a alguien que señale dónde se habla euskera, casi seguro que señalará el País Vasco en el norte de España. Y esto es correcto, pero no del todo.

El euskera se habla en un territorio pequeño, de unos 10.000 kilómetros cuadrados, más o menos como una provincia. Ese territorio está a los dos lados de los Pirineos, es decir, está en dos países. En España se habla en el País Vasco y en la mitad norte de Navarra.

La mayor parte de este territorio está en España. Pero en Francia también se habla en tres comarcas del suroeste, muy cerca de la frontera, en la zona de Bayona y Biarritz.

Y aquí aparece algo que conecta directamente con nuestros dos episodios anteriores. En España el euskera es una lengua oficial. Se estudia en la escuela, se usa en los papeles del Estado, tiene su televisión y su radio.

Cruzas la frontera, andas 20 minutos y todo eso desaparece. En Francia el euskera no es oficial. La única lengua oficial de Francia es el francés.

La misma lengua, la misma gente, las mismas montañas y dos destinos completamente distintos, según de qué lado de esta línea invisible hayas nacido. En total lo hablan unas 700.000 personas y bastantes más lo entienden. No es mucho, pero hay un detalle importante.

Hoy no queda ni una sola persona en el mundo que hable solo euskera. Todos los que lo hablan, hablan también español o francés. Todos sin excepción.

Antes de seguir, vamos a hablar de dos palabras que conviene entender. La lengua no se llama vasco en su propia lengua. Se llama euskera.

Y el territorio donde se habla tiene también su nombre, Euskal Herria, que significa más o menos el país del euskera. Fíjate bien en eso, porque es bastante raro. Normalmente las lenguas se llaman como su sitio.

En Francia se habla francés, en Italia italiano, en Portugal portugués y así sucesivamente. Primero el país, después la lengua. Aquí es al revés.

El sitio se llama como la lengua. Y con las personas pasa lo mismo. Un vasco en euskera es un euskaldun y esa palabra significa literalmente el que tiene el euskera.


Y ahora la gran pregunta. ¿De dónde viene el euskera? La respuesta corta es la más honesta y la más increíble. Sinceramente no lo sabemos.

Y no es que no lo sepamos todavía, como si fuera cuestión de investigar un poco más. Es que llevamos 200 años buscándolo y seguimos sin encontrarlo. Los expertos usan una palabra para esto.

Dicen que el euskera es una lengua aislada. Una lengua aislada es una lengua que no tiene familia, una lengua que no está emparentada con ninguna otra lengua conocida del mundo. Piensa en lo extraño que puede ser esto.

El castellano tiene hermanas, el gallego, el catalán dentro de España, el francés, el italiano, el portugués, todas hijas del latín. El inglés y el alemán son primos entre ellos.

El ruso, el polaco, el griego, el persa e incluso el hindi pertenecen todos de lejos a la misma familia enorme. Casi todas las lenguas de Europa se dan la mano de alguna manera las unas a las otras. Pero el euskera está solo.

Se ha buscado por todas partes. Se buscó parentesco con las lenguas del Cáucaso, entre Europa y Asia, sobre todo con el georgiano. Se buscó en el norte de África con las lenguas bereberes.

Se buscó con el íbero, la lengua que se hablaba en el este de la península antes de los romanos, pero ninguna de esas ideas se ha podido demostrar. Ninguna.

Lo que sí sabemos es que es viejísimo, que es una lengua muy antigua, y lo sabemos gracias a unas piedras. En el suroeste de Francia se han encontrado lápidas de la época romana, piedras de tumbas con nombres escritos.

Están escritas en latín, con letras latinas, pero los nombres de las personas no son latinos. Aparecen palabras como nescatu, andere, semble... De nuevo, pido perdón si no lo estoy pronunciando bien, ya que yo no hablo euskera, y estas palabras en el euskera actual significan algo como chica, señora o hijo.

Es decir, hace dos mil años, cuando los romanos llegaron aquí con su latín, en estas montañas ya se hablaba una lengua que parecía al euskera de hoy. El euskera no llegó después, el euskera estaba antes de los romanos.


Vale, entonces, ¿cómo es el euskera por dentro? Esta parte puede ser un poco más difícil, pero te lo voy a explicar de manera muy fácil en sólo dos ejemplos, los más fáciles de ver. El primero, el euskera pega las palabras.

Los expertos lo llaman la lengua aglutinante. Aglutinar significa pegar dos cosas. Por ejemplo, en euskera etxe significa casa.

Si quieres decir la casa, no pondrías una palabra antes, como en español. En euskera ponen una letra al final y queda etxea. Si quieres decir las casas, pegas otra letra al final, etxeak.

Y si quieres decir en la casa, sigues pegando letras al final, etxean. Donde el español pone palabras sueltas delante, el euskera va construyendo una sola palabra larga, como quien añade vagones a un tren.

El segundo ejemplo, también muy sencillo, son los números. El euskera no cuenta de 10 en 10 como nosotros, cuenta de 20 en 20. 20 se dice hogei y 40 se dice berrogei, que significa literalmente dos veintes.

60 son tres veintes, 80 cuatro veintes y así sucesivamente. El francés también hace algo parecido. 80 en francés se dice cuatro veintes.

Y hay quien piensa que esta costumbre francesa podría venir precisamente de aquí, de una lengua antigua de estas montañas. Y ahora te voy a contar algo que a lo mejor te sorprende.

Si hablas español, ya utilizas palabras que vienen del euskera, o muy posiblemente utilices palabras que vienen del euskera. Cuando en español decimos izquierda, podemos estar usando una palabra vasca.

Puede que la palabra izquierda venga de ezker y no es una palabra cualquiera. Es una palabra que podemos utilizar todos los días. La palabra chatarra, que significa metal viejo, también viene del euskera.

Es decir, la lengua sin familia le dejó unas cuantas palabras a la lengua que hoy hablan 500 millones de personas.


Nos queda una última pregunta, quizás la más importante. ¿Cómo logró el euskera sobrevivir?

Durante siglos la respuesta fue bastante sencilla, escondiéndose. Las montañas eran difíciles, escarpadas, es decir, difícil de escalar, valles cerrados, pocas ciudades, ninguna gran riqueza, y los romanos llegaron pero pasaron de largo.

Aquí no había oro, ni grandes campos de trigo, ni un camino cómodo hacia ninguna parte. Así el euskera sobrevivió, en buena medida, porque nadie tenía demasiado interés en aquellas montañas.

Pero esa manera de sobrevivir tenía un precio enorme. El euskera se quedó siendo una lengua de casa, una lengua para hablar con la familia y con los vecinos.

Fuera de allí, todo lo importante, la ley, la escuela, los papeles, la iglesia, se hacían en castellano o en francés. Y había otro problema. No era una sola lengua ordenada, sino muchas maneras de hablar distintas.

En cada valle se hablaba una versión del euskera, tan distintas que a veces dos vascos de dos zonas alejadas se entendían mejor hablando en castellano. Así que la lengua que había resistido a los romanos, a los reyes y a los imperios llegó al siglo XX, en una situación delicadísima.

Durante la dictadura de Franco se persiguieron todas las lenguas de España con la intención de mantener la unidad nacional, es decir, con la intención de evitar movimientos independentistas.

Se prohibió en la escuela, se prohibió en la vida pública, se borró de los papeles y dejó de enseñarse en gran parte. La lengua más antigua de Europa Occidental estuvo a punto de morir no en una guerra antigua, sino hace apenas 70 años.

Y aquí llega la parte que a mí me parece más interesante, porque es exactamente lo contrario de lo que había funcionado durante 2.000 años. El euskera se había salvado escondiéndose.

Para salvarse esta vez tuvo que hacer justo lo contrario, salir a la luz. En los años 60 se hizo algo que nunca se había hecho, sentar en una mesa a los expertos de todos los valles y construir entre todos una sola manera común de escribir la lengua.

Se llama euskara batua, que significa euskera unido. Una lengua única, la misma para todos, que se podía enseñar en una escuela y escribir en un libro.

Al mismo tiempo, y todavía en secreto, muchas familias empezaron a abrir escuelas en euskera, a veces en casas particulares, a veces en la sala de una iglesia. Y esto funcionó.

Hoy el euskera se enseña en las escuelas, hay periódicos, televisión y canciones en euskera. Y esto es lo importante, hay más gente joven que lo habla que hace 30 años.

Hoy en día existe una palabra más nueva y bastante curiosa. Euskaldun berri. De nuevo, no sé si lo estoy pronunciando bien.

Esta palabra se utiliza para designar a la persona que no aprendió el euskera de sus padres, sino que lo aprendió después, ya de mayor, estudiando con esfuerzo, a base de clases y horas. De la misma manera que tú estudias español, por ejemplo.

Buena parte de la gente que hoy habla euskera es exactamente eso. Gente que no lo heredó, gente que lo eligió.

Así que volvamos por última vez a nuestro cartel en la carretera. Con esta palabra que hemos dicho tantas veces en estos episodios, nadie sabe de dónde vino, no sabemos quién la dijo por primera vez, ni en qué siglo ni en qué lengua anterior, si es que hubo alguna.

Es un misterio y probablemente lo será para siempre. Pero hay algo que sí sabemos, y quizás más importante. Sabemos por qué sigue ahí.

No sigue ahí por las montañas, ni por la suerte, ni porque nadie se fijara en ella. Sigue ahí porque cada día hay gente que decide aprenderla.

Y si lo piensas, tú estás haciendo ahora mismo algo muy parecido. Estás escuchando este episodio en una lengua que no es la tuya, y la entiendes porque un día decidiste dedicarle tiempo.

Ninguna lengua sobrevive sola. Las lenguas viven mientras alguien las habla y mientras alguien las enseña, o mientras alguien en algún sitio se sienta a aprenderlas.


No sólo hemos llegado al final de este episodio, sino que también hemos llegado al final de esta serie de episodios donde recorrimos esa carretera que nos enseñó todas las lenguas que se hablan en España.

En este recorrido hemos aprendido sobre las distintas lenguas que hablamos, sólo algunos españoles en algunos lugares concretos de la península. Y espero que este último episodio te haya gustado y que hayas aprendido tanto como en los últimos episodios.

Quiero aprovechar para recordar que si te ha costado seguir el episodio, o si te ha costado entenderme al hablar, te recomiendo que escuches el episodio de nuevo leyendo la transcripción.

Esta técnica es una técnica maravillosa para aprender español y es una técnica que yo mismo utilicé cuando aprendía francés y otros idiomas. Podrás encontrar la transcripción en el primer enlace de la descripción de este episodio.

Si os ha gustado esta última temporada sobre los idiomas de España, entonces tengo buenas noticias. La semana que viene comenzaremos una nueva temporada, otra serie de episodios en la que exploraremos también algo único de España.

Es algo que a mí me encanta y sinceramente será un tema súper interesante el que tengo muchas ganas de hablar en el podcast. Si no te lo quieres perder, te recomiendo que estés atento o atenta, ya que nos veremos muy pronto, como siempre, el domingo que viene.