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Spanish Lore

Episodio 35

La cigüeña y el águila imperial

Transcripción completa · 2.129 palabras · unos 14 min de audio

Bienvenidos todos y todas a un nuevo episodio del podcast. En el episodio anterior nos quedamos mirando una silueta negra en lo alto de una colina. La silueta del toro de Osborne. Esos carteles que en un principio fueron publicitarios y que pasaron a formar parte del paisaje español.

De hecho son una parte imprescindible de las carreteras de España. Si no has escuchado este episodio, entonces te recomiendo muchísimo que lo escuches después de escuchar este. Hoy vamos a levantar un poco más la vista y vamos a mirar hacia el cielo.

Porque en España hay dos siluetas que llevan siglos ahí arriba y son completamente distintas entre sí. La primera vuela muy alto, muy lejos de las ciudades y quedan tan pocas que verla es cuestión de suerte. La segunda la ve todo el mundo, todos los días y casi nadie la mira.

Está encima de la iglesia del pueblo, está en el tejado del edificio de enfrente y a veces está sobre una farola en mitad de la carretera. Una es rarísima y no la vemos. La otra está en todas partes y tampoco la vemos, pero por el motivo contrario.

Porque nos hemos acostumbrado tanto a ella que ya no nos llaman la atención. Hoy vamos a hablar de estas dos y de por qué las dos son, cada una a su manera, profundamente españolas.


Vamos a empezar por la más rara, por esta silueta que es más difícil de mirar.

Se llama águila imperial ibérica y lo primero que hay que entender es lo que significa la palabra ibérica. Ibérica quiere decir de la península ibérica, es decir, España y Portugal. Y cuando decimos que un animal es ibérico muchas veces estamos diciendo algo más fuerte.

Estamos diciendo que sólo existe aquí, sólo en España y Portugal y en ningún otro sitio del mundo. Es un águila que vive principalmente en el centro y el suroeste de España. Y como dijimos, algunas parejas también viven en Portugal.

Es un ave grande, con las alas abiertas mide más de dos metros. Es oscura y casi completamente negra, con unas manchas blancas muy claras en los hombros como si llevara algo puesto encima. Y esas manchas son la manera más fácil de reconocerla desde abajo.

Entonces, ¿dónde vive este animal? Aquí volvemos a un sitio que ya conocemos del episodio anterior, la dehesa. Ese campo abierto con encinas repartidas que sólo existe en el suroeste de la península ibérica. El águila imperial necesita las dos cosas a la vez.

Los árboles grandes para hacer su nido y el espacio abierto para cazar. La dehesa le da exactamente eso. Por eso este animal y este paisaje van juntos. Sin dehesa no hay águila imperial.

Y hay un detalle precioso de su vida. El águila imperial forma pareja para toda la vida y vuelve cada año al mismo nido en el mismo árbol. Un nido que va reparando y ampliando temporada tras temporada, hasta que se convierte en una construcción enorme de más de un metro de ancho. Y algunos nidos llevan décadas ocupados.

Vamos ahora con la parte más difícil, pero es también la parte más importante. En los años 60, este águila estuvo a punto de desaparecer del planeta. Se calcula que quedaban unas 50 parejas, 50 en el mundo entero. Las razones son varias y todas tienen que ver con nosotros.

Se cortaron y deforestaron las dehesas para plantar otras cosas. Se llenó el campo de cables eléctricos y muchas águilas se electrocutaban al posarse en los postes. Se usó también veneno en el campo para conservar las cosechas.

Y además ocurrió una cosa que parece que no tiene nada que ver, pero que explica prácticamente todo. Desapareció el conejo. El conejo de monte es el alimento principal del águila imperial.

Y en los años 50 llegaron a España varias enfermedades que mataban a los conejos. Y debido a esto, los conejos desaparecieron de zonas enteras del país. Como te podrás imaginar, el águila se quedó sin comida.

Un dato muy importante es que en el campo español casi todo depende del conejo. Es un animal pequeño, humilde, que la mayoría de la gente ni siquiera considera interesante, pero es el alimento del águila imperial y de muchos otros animales relacionados con España. Cuando desaparece el conejo, también desaparece todo lo que está por encima.

Pero hay algo más, algo que nos toca directamente a los que vivimos aquí. El conejo es de aquí, de España. De hecho, es muy de España.

El conejo europeo es originario de la península ibérica. Se cree incluso que el propio nombre de España podría venir de ahí. Hay una teoría muy repetida según la cual los fenicios llamaron a esta tierra, a la península ibérica, algo parecido a la costa de los conejos.

Y se cree que de ese nombre saldría siglos después la palabra Hispania. Te aviso de que esta teoría no está demostrada del todo y hay muchos expertos que la discuten y que afirman que no, que no es cierta. Pero la idea es difícil de olvidar.

Que el nombre de este país venga de un animal pequeño que, al desaparecer, casi hace que desaparezcan otros animales característicos de la península. Pero volviendo a nuestro tema, ¿qué pasó después? ¿Qué se hizo para que el águila no desapareciera?

Pues se cambiaron miles de postes eléctricos por otros en los que las aves podían posarse sin riesgo de ser electrocutadas. Se prohibieron ciertos tipos de venenos para las cosechas y se protegieron las dehesas enteras y se ayudó a que volvieran los conejos.

Y esto funcionó. De aquellas 50 parejas se han pasado a más de 600. El águila imperial ibérica sigue siendo un ave escasa y sigue necesitando ayuda, pero ya no está al borde de la desaparición.

De hecho, esta es una de las mejores noticias de la naturaleza española del último siglo y casi nadie la conoce.


Ahora vamos a cambiar completamente de escena. Salimos del campo y entramos en un pueblo de Castilla, en el centro de España.

Levantamos un poco la vista hacia la torre de la iglesia y ahí está, enorme, de pie sobre un montón de palos y con el pico rojo apuntando hacia el cielo. Es la cigüeña blanca. Y aquí hay una diferencia esencial con el águila.

El águila imperial huye de nosotros, necesita silencio, distancia y sitios donde no haya gente. Y la cigüeña hace exactamente lo contrario. La cigüeña ha decidido vivir con nosotros.

No hace su nido en un acantilado ni en lo alto de un árbol perdido en el bosque. Lo hace en la torre de la iglesia, en el campanario, en el tejado del ayuntamiento, en el poste de la luz al lado de la carretera y, en general, elige nuestros edificios, los más altos que encuentra, y se instala encima de ellos.

Su nido es una cosa asombrosa. La cigüeña vuelve cada año al mismo sitio y cada año le añade material. Palos, ramas, hierba, trapos e incluso plásticos. Año tras año, década tras década, un nido de cigüeña puede pesar cientos de kilos y llegar incluso a los dos metros de altura.

Quiero que pienses por un momento en lo que puede significar esto. Hay nidos de cigüeña que llevan ocupados más tiempo que muchas casas del pueblo. Nidos heredados de una generación de cigüeñas a otra, encima de una piedra que lleva ahí desde la Edad Media.

Por eso la cigüeña está tan metida en la cultura de este país. Está en los refranes, está en la manera de saber que ha llegado la primavera y está sobre todo en la historia que se les cuenta a los niños en España cuando preguntan de dónde vienen los bebés.

Quizás esta historia te suene. Cuando los niños preguntan de dónde salen los bebés, se les dice que los trae de París una cigüeña. Es una historia que viene del norte de Europa y que en España caló profundamente.

En otras palabras, significa que se contó mucho y que esta historia se hizo muy popular y que todavía hoy la conocen todos los españoles.

Lo que ha pasado con las cigüeñas en las últimas décadas es una de las historias más sorprendentes de la naturaleza de España. Verás, la cigüeña es un ave migratoria. Migrar significa viajar cada año de un sitio a otro, siguiendo las estaciones.

Durante siglos, las cigüeñas hacían un viaje impresionante. Pasaban el verano en Europa y, al llegar el frío, cruzaban el estrecho de Gibraltar y bajaban hasta África, algunas hasta el sur del continente, miles y miles de kilómetros, para regresar luego en primavera.

Ese viaje marcaba el calendario de los pueblos. La gente sabía que había llegado la primavera cuando volvían las cigüeñas. Era como una especie de reloj vivo. Pues bien, hoy muchísimas cigüeñas españolas ya no se van.

Han decidido quedarse aquí todo el año y ya no cruzan el estrecho y, por lo tanto, ya no bajan a África. Han dejado de hacer el viaje que llevaban haciendo miles de años. ¿Pero por qué? ¿A qué se debe esto? Y hay dos motivos.

Y los dos son por culpa de los humanos. El primero es el clima. Los inviernos son un poco más suaves que antes y se pueden aguantar mejor.

El segundo es más raro y más interesante. Son los vertederos. Un vertedero es un sitio donde se acumula la basura de una ciudad.

En esa basura hay mucha comida, muchísima comida, todos los días del año, sin falta. Entonces las cigüeñas pensaron, ¿para qué cruzar un continente entero, con el peligro que eso puede suponer, si aquí al lado hay comida garantizada todo el invierno?

Así que se quedaron. Pero evidentemente hay un problema. Europa está cerrando los vertederos al aire libre. La basura empieza a tratarse de otra manera. Se cierra, se procesa y es, en general, una buena noticia para el medio ambiente.

Pero deja una pregunta enorme en el aire. ¿Qué se va a hacer ahora con esas cigüeñas que ya no saben viajar? Nadie lo sabe todavía. Es una historia que se está escribiendo ahora mismo, encima de los tejados de los pueblos españoles.


Volvamos al cielo del principio, con las dos siluetas. Una es rarísima, huye de nosotros, estuvo a punto de desaparecer para siempre. La otra está en todas partes, vive pegada a nuestras casas y ha cambiado su vida entera por nuestra basura.

Parecen historias opuestas y en realidad son la misma historia contada de dos maneras. Porque las dos aves dependen por completo de lo que hacemos nosotros.

El águila imperial estuvo a punto de desaparecer por nuestra culpa y sigue viva porque decidimos salvarla. La cigüeña dejó de emigrar por nuestra culpa y ahora tendrá que reinventarse otra vez porque hemos cambiado de idea sobre la basura.

Ninguna de las dos vive ya en un mundo completamente natural. Viven en nuestro mundo y quizás por esto vale la pena mirar hacia arriba de vez en cuando.

Si algún día vas por un pueblo del centro de España, en primavera, párate delante de la iglesia y levanta la cabeza. Esto es algo que yo hago mucho cuando visito el centro de España.

Ya que ahí estará ella, de pie sobre su montaña de palos, haciendo con el pico ese ruido seco que se oye desde toda la plaza. Y si algún día conduces por una dehesa entre las encinas y ves muy arriba un ave enorme y oscura, con dos manchas blancas en los hombros, planeando despacio en círculos, detente un momento.

Porque ese animal solo existe aquí y en ningún otro lugar del planeta. Y hace 60 años solo quedaban 50.


Espero que os haya encantado este episodio.

A mí me ha gustado un montón crearlo y buscar toda la información. Me ayudó a recordar los orígenes de estos animales y por qué están relacionados con España.

De la misma manera que la semana pasada, si te ha gustado este episodio, te recuerdo que la semana que viene hablaremos sobre otros dos animales importantísimos en España.

Otros dos animales están reviviendo poco a poco y uno de ellos está volviendo a aparecer cada vez más y más, sobre todo en las redes sociales. Si quieres saber de qué animales estamos hablando, entonces te recomiendo que la semana que viene te unas de nuevo para aprender cada vez más y más sobre España.

Por el momento, no te olvides de compartir este episodio o el podcast con tus amigos o con otros estudiantes de español para que cada vez seamos más aprendiendo todas las semanas.

Así que, dicho esto, nos veremos la semana que viene para hablar de una nueva historia.